Sunday, January 21, 2007

Deathmatch de los torsos desnudos II


Chequen mi currículum deportivo: Derroté varias veces en Ping-Pong a los sembrados 52 y 54 de México durante la década pasada, de niño me coroné con Titanes en la categoría 9/10 años del Club América, evité el descenso con el Asturcón del Club Asturiano años después hasta que me partieron la cara y me retiré del futbol, soy duchísimo en damas chinas (le ganaba a mi abue), en damas inglesas, en Pin-Ball y nunca de los nuncas he perdido una partida en Dominó cubano (gracias a mi sensei, el padre de Héctor Juárez).

Como se puede ver, cuando compito, lo hago a tope y no me gusta perder. También se puede ver que tengo bien definido en qué meterme y con qué ni moverle (aunque todo este enunciado suene a albur, donde por cierto, también me considero de los grandes-grandes-grandes).

Con este alucinante expediente personal de deportes y actividades "varias", me dispuse este fin de semana a superar un issue pendiente: vengarme de la derrota que Luisma me propinó en mayo pasado en el futbol alberquero. Diría que es como Water Polo, pero no, es simple tiro a gol en la alberca de mi casa de Cuerna.

Aquella vez me derrotó en serie de 3 de 5 y me dejó el ego atrofiado, así que aprovechando una nueva escapada con las señoras Mara y Gaby, y el buen Lalo, quien normalmente funge como mero testigo, sonido local o interventor (detesta el deporte), le dije que quería la revancha y Luisma, muy salsa, dijo: "Venga, ¿qué apuestas?".

Pactada una comida, donde nuestras respectivas galanas nos aclararon que NO cocinarían por el perdedor, comenzó el "Deathmatch de los torsos desnudos II". Reta a ganar dos de tres bajo el sol sabatino de Cuerna y una alberca donde el dedito gordo del pie (el que sirve para calar) nos advirtió del riesgo de hipotermia.

El comisario imaginario dijo que se podía jugar y, ante eso, camisas fuera y torsos cuadriculados a escena. Los cuadritos los guardamos Luisma y yo para mejor ocasión porque es la cuesta de enero y la resaca de los pasteles y buñuelos navideños, pero el rostro al menos sí lo regamos.

Dos horas de fragoroso y feroz combate (nuestras mujeres bostezaban cada 10 minutos, motivándonos a dar el 110%). Volé como seis veces cuando me tocó de guardameta y me di tres topes en el puente habilitado como portería. Mi mejor atajada de la tarde la festejé en completa soledad porque cuando pensé que Mara iba a babear por su héroe, ella estaba feliz de la vida echándose una salchicita con salsa valentina y limón, metidísima en la abundante plática de Lalo.

Luisma, mientras tanto, brillaba en el campo de batalla con riflazos continuos que me complicaban la tarea de portero. Y su mujer lo alentaba con un intensísimo "Gánale amor, gánale". No puse signos de admiración o exclamación porque el tono de voz de Gaby era una invitación a la meditación budista. Así de fuerte.

A las 5 P.M. acabó todo tras un desempate donde, sí, de nueva cuenta, Luisma me derrotó (el nefasto "tssssss" retumba en mis oídos, haciendo que me arda más).

"¡Amor, le volví a ganar, Luis no puede conmigo!", le dijo eufórico Luisma a su esposa. "Muy bien amor, ¿a qué hora quieres comer, tienes hambre?", fue la respuesta.

Y yo mejor ni presumo el arrebatador consuelo de Mara al verme derrotado por segunda vez. "Ni modo. Oye, cámbiate el traje de baño antes de que te enfríes".

No supimos cuál de las dos damiselas estaba más emocionada/extasiada, pero es un hecho que Luisma y yo consideramos hacer la tercera batalla a puerta cerrada (por aquello del sobrecupo y del frenesí de los hinchas, de los latidos vertiginosos de nuestras amadas y de que no queremos desgracias por lo masivo y espectacular de nuestros duelazos).

¿Será que nuestros torsos cuadriculados (en pliegues) ya no les atraen ni aunque nos untemos aceite de bebé?, ¿será que los héroes del deporte y las cheerleaders ya no existen... o será simplemente que Lalito tiene temas de conversación extremadamente fascinantes...?

Wednesday, January 17, 2007

Nuestra primera vez


Para una pareja con dos años de matrimonio, esperar tal cantidad de tiempo para “la primera vez”… es demasiado.

Otros niditos de amor no hubieran soportado tanto tiempo, pero por lo mismo, Mara y yo decidimos ponerle fin a la urgencia y tener de una buena vez nuestro primer servicio de lavado de alfombras en la casa de todos ustedes (así se dice por mera cortesía).

Una buena cantidad de fiestas memorables (Metal Party, Nacos Power, etc.) nos dejó dichas alfombras en estado atroz, así que antes de que llegara la primera del 2007, y aprovechando días de descanso de este servidor (así también se dice), pactamos con los eruditos de la materia una cita para este martes 16 de enero. No es cumple de nadie, no celebramos nada, mi hermana anda ocupada, todo mundo trabaja. Listo, lo hacemos.

A las 7:56 de la madrugada viene el timbrazo y aparecen tres galanes. No recuerdo sus nombres, pero creo que dos son tocayos. Para no errarle, los bautizo como Chucho I, Chucho II y Don Jesús.

Empieza la hecatombe. Maestrísimos los tres jesuitas, inician el traslado de cosas a rincones donde jamás imaginé que pudieran acomodarse. El sillón a la esquina, la mesa a la pared, las macetas al baño…

“A ver, esos muebles no se mueven. Ni el de tele ni el de la pecera”, vocifera mi valentonada mujer a Chucho II (tenemos un pobre pez en la pecera, pero chequen cómo lo chiqueamos). Y así, Mara, este servidor y nuestro Robinson Crusoe con aletas vemos cómo nuestro hogar es puesto de cabeza, cual tetris, para compactar todo.

“Híjole, es que hay que quitar este cable”, nos dice Chucho I en referencia al cable de una bocina que mi amigo Ariel se tardó tres horas en instalar para que el sonido de mi nuevo Home Theater quedara como el del “Viper Room”.

“Ni pex, quítelo maestro”, respondo devastado.

Mara pone cara de conflicto, y yo, al ver que todo es vertiginosamente desconectado, agarro mi PSP y decido jugar la Copa Italiana con el Nápoles, club austero con el que el día anterior logré derrotar a monstruos como el Milán y la Juventus.

Me arrincono en el cuarto de visitas y arranco la gloriosa Semifinal contra el Cagliari (ah, cómo me costó llegar hasta aquí).

Ayer gané 1-0 de visitante, pero la vuelta hoy se ha complicado. Empecé ganando, pero me han empatado.

“¡Viene disparooo… uy!, tirititeee nada más”.

Chucho II voltea como si se le hubiera encuerado la Nacha Plus al lado: “No manches, ¿es el Perro Bermúdez el que narra?”, pregunta hipnotizado.

Contesto que sí y ahí lo perdemos. Se emociona tanto que ya se sabe qué hará con la lana ganada por dejar la alfombra esplendorosa.

“Noombre, narra requete padre el Perro, hasta te inspiras más pa’ jugar ¿no?”.

“Sí”, contesto de nuevo y sin voltear para no distraerme en un momento crucial de la Semifinal.

Minutos finales, sigo 1-1 (2-1 global), estoy sudando y a punto de llegar a la Gran Final…

“Oye, una pregunta, ¿puedo mover este mueble a la esquina?”, es la tercera pregunta de Chucho II y la que de plano me hace voltear. “No hay bronca, compadre, mueve lo que tengas que mover” (la traducción en chilango es “¡Haz lo que quieras y ya no me interrumpas por el sagradísimo porrito y corazón de Diego Maradona…!”.

“¡GOOOOOLLLL, enormeee, nítidoooo, claroooo, bersallescooo!, ¡es el gol que mataaa!”, grita el Perro Bermúdez en mi PSP.
Casi me rompo el cuello. Catástrofe. El árbitro pita el final y por gol de visitante quedo fuera. Mis ojos tiemblan ante la calamidad.

“¿Ganaste?, ¿a poco anotaste sin ver?”. Cuarta y quinta pregunta de Chuchito II en dos minutos. Lo quiero ultimar.

Veo las mil vueltas de la barredora centrífuga con la que está limpiando Cucho I el otro cuarto y mi instinto asesino imagina el mentón de este metiche afeitado por la fuerza concéntrica hasta quedar hecho calaverita con barbilla de Neandertal. Para su fortuna, entra la llamada de mi hermana Lawrence y la bestia que traigo adentro (sin albur) se contiene un poco.

Cuelgo y Chucho II se ha ido. Voy por él y ahora suena el mentado Nextel. Es Mara, quien se ha ido por unas jergas y me pregunta si trae algo para desayunar. Ni pensarlo, mi estómago está hecho trizas cortesía del ojoslargos.

Cuelgo de nuevo. Ya ni caso tiene asesinar al artífice de mi derrota. Ni siquiera lo acuso con Don Jesús, el más veterano y mero mero de la cuadrilla de limpiadores de alfombras. Respiro y me calmo. Todo este sacrificio, frustración y desdén sirvan para que las nuevas fiestas que hagamos sean mejores.

1 de la tarde. Termina por fin nuestra primera vez. Mara está complacida con la chamba de los tres “mais” y los despide con bombo y platillo. Y yo… cuando me despido de Chuchito II, quiero estrellarle el bombo y el platillo, pero el muy cínico se me adelanta. “Que estés bien y que ganes el próximo torneo”, me dice.

“Gracias compadrito, nos vemos”, responde mi lado decente, lo que en chilango se traduce: “No vuelves a limpiar mis alfombras, pedazo de fisgón. Y si compras tu PSP, ¡ojalá y te echen en la primera ronda, reverendísimo metiche!”.

Saturday, January 13, 2007

Amoeba


Un caballero llamado Troy y apellidado Santiago nos vio molidos a Eztel y a mí en el día 12 de nuestra agotadora gira de trabajo por Texas y California y nos preguntó que a qué lugar deseábamos ir para escaparnos de la rutina. Yo le dije que a ver cd's y dvd's.

"Perfecto, los voy a llevar a una tienda que... te vas a caer cuando entres", me reviró Troy muy acá (con ese acento de Dandy que le permite cantar como JC Chasez para ligarse a una japonesita), haciéndose el que me iba a apantallar con un monstruo de lugar al que ni el Virgin Megastore de París le rozaba los talones.

Pues bien, el tío nos trepó en su Meche blanco con disfunción en el quemacocos y un falso en el tablero que nomás no se quita y nos dio una buena paseada por Los Angeles.

Largo trayecto y una escala en la gas hasta que finalmente nos salimos del freeway y tomamos un retorno hacia la siempre fascinante zona de Hollywood. Nos detuvimos en el 6400 de Sunset Blvd.

Más escéptico que los enemigos de Jaime Maussan, me asomé por la ventana y vi un edificio horizontal bastante peculiar, así como la leyenda "Amoeba Music" cuyas letras parecían bombitas de jabón espumeando al estilo de comercial de detergente chafa. La neta... la fachada del establecimiento se me figuró a un lamentabilísimo congal de la zona rosa que me hizo recordar al "Lobohombo". También se me figuró que Troy me estaba dando atole con el dedo, especialmente porque yo creía haber estado en un sinfín de buenas tiendas de discos tanto en América como en Europa y esto, en definitiva, era un pedazote de burla.

Etzel, desde el asiento del copiloto, tampoco decía mucho.

Pero muy pronto sufrí esa metamorfosis de ser un tipo soberbio y sobradón, al cuate al que se le cae la cara por incrédulo al darse cuenta de que se ha equivocado big time: "Amoeba" no era un Mixup más, sino que de verdad me abría sus fauces apenas entrábamos al lugar. Era, verdaderamente, un monstruo.

La planta baja más inmensa que he visto era exclusivamente el área de discos, sin contar un patio trasero que estaba dedicado al Jazz, al Blues, al Tango y a todo lo que no fuese rock o pop (seguro estaba el "Gallo de Oro" arrumbado por ahí en la sección de las leyendas martirizadas). Con un poco de paciencia, seguramente hubiéramos encontrado un album inédito de Bertín Osborne cantando a dueto "Good Vibrations" con Marky Mark o el concierto completo de Diego Verdaguer en la terraza del Crowne Plaza en 1995 (el que abrió con "Usted qué haría").

En fin, esto era un laberinto rodeado por paredes tapizadas con los posters más fregones que mis ojos hayan atestiguado. Creo que por ahí me pareció ver a Robert Smith en la gira de The Cure de 1989, a Bono en sus años de puberto y a Vicente Fernández echándose una caguama con Bob Dylan o ya no recuerdo bien si era el poster de al lado. Pero bueno, el punto es que me di el tiempo de ir a disculparme con el buen Troy y después me trepé al segundo piso para checar los miles de dvd's que ahí dormían.

No sé cuántas horas permanecí ahí, tampoco sé en qué momento tuve que tomar un canasto tipo mercado para poner todas mis selecciones, mis caprichos y mis caprichos plus. Creo que a Mara le llamé como 7 veces y a mi hermana un par más, hasta que la pila de mi Nextel empezó a parpadear y mi mujer me hizo ver que ya me había entendido lo extasiado que me encontraba.

Al final, y después de depurar una abundante cantidad de artículos, pasé primero yo a la caja, después Eztel y, al final, Troy.

La anoréxica Lauren que me atendió traía una espectacular playera de The Hives, el gerente era una calca de DiBlasio y el otro tipo al que le pidió cambio era un greñudo con lentes que yo neta pensé que era Rigo, pero su perfecto inglés me hizo entender que jamás había pisado Matamoros.

La citada flacucha me solicitó ácidamente 197 dólares con 92 centavos por 7 dvd's y 3 cd's (que en verdad no consigo en otro lado), a lo que yo rápidamente respondí con dos machetazos de 100 dolarucos que pocas veces he desembolsado con semejante regocijo y sin remordimiento.

La noche finalizó así en esta colorida esquina de Sunset.

Subimos al coche varias bolsas amarillas súper kitch y partimos hacia el hotel pensando en todos aquellos grupos que olvidamos al momento de buscar discos y en todas aquellas grandes producciones que debiesen estar en nuestra filmoteca.

Habrá tiempo de volver a "Amoeba" y de contarle a todos, por este medio u otro, que antes de morir tienen que venir al menos una vez, así como lo hice yo con este par de buenos amigos.

No lo desdeñen, Troy (el que gastó 152 dólares) me conminó a ello y yo no le creí. Y Eztel (el que se botó 140) está de testigo.

Monday, January 1, 2007

San Valentín en enero


Cuando me comí las 12 uvas, no recuerdo haber deseado comenzar el 2007 con el tarareo de una rola de Valentín Elizalde, pero todo es culpa de mi amigo Miguel.

No sé si le afectó tener la desgracia de cumplir con la primera encomienda laboral de este año (agendada de modo inaudito para las 7:00 horas de este 1 de enero), pero el chiste es que el tío llegó a la chamba dispuesto a convertirse en la versión gangosa del de por sí gangoso "Gallo de Oro" (como le apodan al finado Elizalde en Bandamax y en Telehit).

Estaba yo tranquilito frente a mi compu, feliz de la vida con la rebanada de un cheesecake que sobrevivió a la cena de Año Nuevo, cuando de pronto vino el acapellazo de mi amigo al más puro estilo del palenque de San Juan Tequilero. Sin pedir permiso y con los decibeles esparcidos por doquier, se escuchó un vibbbbrato irregular que congeló mi almuerzo: "Vete yiiiaaaaaaa, si no encuentras motiiiivooo... para seguir conmiiiiiigo, para qué continoooaaaaaar" (tono gangoso en vivo desde la tierra de Temoaya es poco decir).

Creí que el tipo estaba desveladísimo, pensé que se estaba haciendo el chistoso o que andaba crudo, pero no. Realmente puso el corazón en la interpretación. Lalo Rodarte y su Tromba Duranguense se habrían quedado estúpidos al ver el gesto de dolor contenido en las cejas de este Gallito devotee.

Más allá de su notable habilidad lingüística para imitar lo inimitable, el buen Mike estaba abrazando el 2007 con un alarido intravenoso que me provocó risa y me arrancó espamos interrumpidos en el maxilar.

Intenté concebir todo y preferí recordar a Miguel en sus mejores momentos (como fan consumado de U2 o como estudiante de la Ibero), pero ni tiempo me dio el grandulón de limpiar su imagen con el trapo de mi nobleza.

La siguiente estrofa que se aventó fue el calambre definitivo de esta agonía auditiva: "Vete si no sientes que mi boca te provoca sensaciones cuando ronda por tus laaaabios; vete si tu cuerpo no se excita cuando forma de caricias que recorro con mis maaaanos". (No puse signos de puntuación porque el dichoso Valentín se la avienta seguidita y sin respirar, efecto que baja la corriente sanguínea y acelera la naquez, aunque también alborota a sus miles de seguidoras).

Confirmado. No era jorobar por jorobar. A mi cuate en verdad le gusta esta salmodia de los palenques norteños y de las tamalizas nocturnas en Reynosa y Ciudad Obregón.

Su ímpetu narrativo era tan escaso como su entusiasmo musical al entregar la laringe al viento, pero lo que ya de plano me dejó pasmado fue el deseo de Miguel de exprimir al máximo la liturgia valentinesca y de hacerse fan como propósito de Año Nuevo. Sí, lo diré: en el buscador GOOGLE solicitó los lyrics de esta hermosísima melodía para perfeccionar el cántico y no errar en lo que reza el fallecido idolazo.

Decirme luego que tenía la canción en su I-Pod no fue nada. Sorpresa ya no me causó en lo más mínimo, aunque he de admitir que sí se veía muy gracioso el enunciado de los resultados de GOOGLE con el "Click here to send Valentin Elizalde polyphonic ringtone to your cell phone". Se lee tan extraño y se ve tan incoherente como decir que Gertrudis es un nombre cachondo.

Anyway. La naquez es la naquez y los placeres culpables existen. Se dice que todos tenemos un najayotote en nuestro interior y, ya para las 6 de la tarde, a mí me afectó la poca chamba del 1 de enero y me entró el gusanito de checar el videoclip del mentado tema "Vete ya", el que hechizó a mi amigo.

A reserva de que lo recomiendo ampliamente para carcajearse de lo lindo, hay dos detalles para la posteridad en http://www.youtube.com/watch?v=D0YdPXodPrY que deben ser devorados por los internautas en este 2007:

1) La escena "sexy" de Valentín Elizalde rascándole la espalda a la güerota desnuda que sale babeando por él (recuérdese que era galán)
2) La edición tipo "Psicosis" del estribillo (a cada navajazo, un corte y queda). Ga-tí-si-mo.

Momentos de desahogo, de dejar fluir lo abominable y lo exterminable, ratos en los que, como diría Sabines, ojalá "la muerte no nos haya visto" porque me cae que se arrepiente de llevarnos algún día.

Espero comenzar elegantemente el 2007, ahora sí, a partir de mañana. De lo contrario, las uvas van a agujerarme el estómago a manera de reclamo por este mugre tarareo que no me quito.

Esfúmate Valentín, vete ya.

Friday, December 29, 2006

Cuando los dañados se encuentran


Jamás fui metiche, celoso o un pain in the ass con los galanes de mi hermana. Jamás (quitando la noche de este jueves).

No fue intencional, pero contadísimas ocasiones sucede el que te encuentres con un compadre cuyos gustos y/o locuras son copia al carbón de las tuyas. Es el clásico individuo que te hace ver que no estás tan tarado en algo o que, ya de perdis, entiende tus manías/obsesiones/colecciones/clavadeces.

Ante tal escasez de compatibilidad, había que aprovechar un encuentro de "dañados" en La Borboleta, mi bar favorito y al cual asistimos ayer mi hermana Lawrence, Mario (amo de los pensamientos de mi sisterna), mi amadísima Mara y este servidor.

Yo no había visto al buen Mario como desde el '95. Sólo me acordaba que usaba chamarra de cuero negra para ir a que mi sister le explicara matemáticas, que era alto y bastante alivianado. Buen mozo.

Antes de Navidad, Lawrence me contó que él vendría unos días (vive en Atlanta) y que estaría bien que armáramos un plan tranquilón los 4, así que yo accedí y me tomé la libertad de recomendar lugar. "Me late una salidita a La Borbo, la música de ahí le va a latir cañón. Cerremos el año agusto", pensé.

Ya instalados en el bar, traté de ser decente. Eché las clásicas y aburridísimas de: "¿Y cómo te va en Atlanta, qué tal la chamba?", "Si vamos un día por allá nos damos una vuelta", "¿Cuándo fue la última vez que nos vimos? No has cambiado nada, ¿eh?". En fin, las de rigor.

Pero los genes son los genes y, cual lobitos que se huelen para ir haciendo manadas (dije ma-na-das), no hubo poder humano, ni femenino, que evitara el despegue de dos enfermos musicales.

"Si no existiera The Cure, Depeche sería mi grupo favorito", dijo el susodicho de mi hermana quien sabe en qué momento de la chorcha.

Hagan de cuenta que yo ahí me quedé, estático, hipnotizado. El Atlanta-Boy acababa de expresar lo que yo hubiera dicho, pero al revés. Me sentí un galgo al que le acaban de abrir la rejita de la pensión después de un mes.

Creo que volteé a ver a mi hermana y, como no me echó ojos particularmente ardientes, pues... a la goma. "Si no fuese Depeche mi máximo, sería The Cure", reviré.

Hasta eso Mario se vio medido. No hizo tanto alboroto, aunque sí se le llegó a notar el gusto por romper la noche con un tema fregón, de esos que le llegan a los huesos. Se contuvo, siguió la plática narrando sus locuras estudiantiles y el robo de algunos exámenes. Todo normal.

Pasaron como 10 minutos y cayó de nuevo. "El concierto de mi vida fue el de The Cure en Monterrey. Fue el 16 de junio del '92 en el Estadio Universitario, abrieron con 'Open' y cerraron con 'A Forest'. Yo estaba hasta pintado como Robert Smith", dijo mientras mi hermana y Mara pensaban que éste no era un clavado promedio. Éste era de los auténticos enfermos musicales. Uno como yo.

"Ese ha sido el show de mi vida, lo tengo en KCT, pero cada vez se oye peor", confesó.

Preparé sutilmente mi respuesta. Sabía que provocaría una vorágine de palpitaciones y que sería algo así como decir: "Mesero, tráiganos la cuenta... pero la de mi hermana".

"Yo tengo ese concierto de Monterrey en CD y se oye increíble", susurré con cinismo y con completa seguridad de que me acababa de quedar sin hermana. Hagan de cuenta Hussein a punto de ser ahorcado.

Lawrence esbozó una sonrisita diplomáticamente panista de "Viva la vida", pero por dentro seguro quiso agarrarme a trancazos como cuando ella era más alta que yo hace no mucho.

Estuve a nada de proponer que nos fuéramos los 4 a ver conciertos para estrenar el "Home Theather" que me regaló mi mujer en Navidad, pero no fue necesario. Ahí mismo me fue informado que el día anterior, Mario y mi sister habían pasado 5 horas y media viendo conciertos de The Cure y de DM.

La noche se fue haciendo Ping-Pong de dos sin reta y, mientras Mario presumía la exclusivísima foto que le tomó a Robert Smith con una línea de coca enfrente, y yo hablaba de los 82 Cd's de Depeche que tengo en mis repisas (no es choro), Mara volteaba a ver a su cuñada tratando de transmitirle paciencia.

Para colmo, la selección musical borboletesca rotó rolas de The Cure y de Depeche.

"Bueno, está bien, vamos a hablar del legado de Intocable o del mítico Valentín Elizalde que se fue al cielo como John Lennon", me atreví a decirle a Lawrence cuando vi que ya de plano ella platicaba con el segundo jitomate de su ensalada. Ella respondió con la clásica sonrisita de "Cáeme bien, jocosito".

Mara dijo que pidiéramos la cuenta (no sé si porque se sentía mal del estómago o por noblísima misericordia hacia mi hermana)y nos despedimos.

Mario y yo quedamos en traficar, a partir de ya, tesoros electrodarketopoperos, mientras que mi hermana, en el beso de despedida, seguro pactó secretamente con Mara sedarme apenas llegáramos a la casa. No fuera a ser que a mí se me ocurriera llamar a media noche y estropear la segunda parte de la velada.

Moraleja: Aunque todos seamos de la familia de los paquidermos, nunca juntes a dos elefantes, si tú eres rinoceronte. Bien lo dijo Martin Gore: "We're damaged people".

Saturday, December 16, 2006

El señor de los cerillos


"Fuimos Diego y yo a ver un depa, pero el problema es que tiene un baño y no nos late eso", me dijo mi amiga Ceci esta semana con respecto a sus planes de convivencia matrimonial con Diego, otro buen amigo.

Yo, casado desde hace 741 días, contesté muy sabiondo: "Híjole, es que imagínate que un día estés en el baño peinándote y de pronto veas cómo sale volando un Q-Tip de tu galán directo al bote de basura del mismo baño. Mi querida amiga, te entiendo perfecto".

"Diego no usa Q-Tips para los oídos; usa cerillos", respondió ella.

Un espasmo estomacal me impidió contestar inmediatamente. O me estaban choreando big time o estaba yo ante un caso extremo de un tipo ambientalista, de esos que de pronto creen que un Q-Tip deja radiactividad en las orejas para manifestar el daño 25 años después (el algodoncito del cotonete se convierte eventualmente en ácido nomaméico que hace añicos la capa de ozono).

La propia risa de Ceci me hizo pensar que era la broma del momento. "No manches, ¿me estás choreando verdad?". Su respuesta fue aún más inquietante: "No, en serio, usa cerillos".

"¡Te marco enseguida!", corté de tajo, a sabiendas de que Diego estaba en el mismo sitio que yo, a unos cuantos metros de mi lugar en la chamba. Para qué hablar con la acusadora si puedo hablar con el mismísimo culpable de esta fumadísima jalada.

Me acerqué a él con una angustia tipo María Sorté en una novela ochentera. Hagan de cuenta que le iba a preguntar con tono de latigazo verbal si él era "el asesino".

"¿Es cierto que.... que... que no usas cotonetes para los oídos, y que usas cerillos?".

Diego, como Rogelio Guerra en la misma novela, colgó el teléfono que en ese momento usaba para obsequiarme completa atención.

"Ceci me dijo que usabas cerillos", insistí, mientras Omar y Sandrita (otros amigos de la chamba) volteaban a ver a Diego como especie bizarra del reino de los artrópodos.

"¡Claro que no uso cerillos!, ¿cómo te dijo eso Ceci?, ¡claro que no!" (recobré el aliento). "Uso pasadores de pelo" (lo volví a perder).

Me sentí como si los dos tortolitos me estuvieran adelantando el 28 de diciembre, pero lo peor de todo es que no.

"Ya nomás falta que me digas que fabricas tu propio alimento, que le entras a la fotosíntesis, que tienes enzimas reductoras en el páncreas y que se te quitan las ganas de aparearte cuando cae en año bisiesto".

Cuando Diego vio que yo lo catalogaba como una nueva especie de terrícola vertebrado por sus costumbres caseras, decidió explicarme todo.

"A ver, lo que pasa es que cuando yo era niño y nadaba, se me metió el agua a las orejas y...". Lo interrumpí y le solicité amablemente que no me soltara esas mamucadas porque seguro me iba a salir con que el cloro del agua le provocó un brote de escamas en el tímpano.

Él, reconsiderando su speech, me dijo que hace tiempo un doctor le había recomendado usar Q-Tips tres veces por semana y únicamente para limpiar la parte externa del oído. Del resto se encargaría el dichoso pasador de pelo.

"Menos mal que ya no hay riesgo de que se incendie las orejas con el cerillo", pensé. "Ahora este güey sólo se arriesga a que el pasador se le quede incrustado en la trompa de Eustaquio o en el pabellón auditivo".

Aclarado el punto, regresé a mi lugar y le marqué de nuevo a Ceci. Más allá de explicarle todo, le recomendé (como buen amigo suyo):

1) Que cuando comience su vida con Diego bajo el mismo techo, siga comprando cotonetes al igual que los millones de individuos normales que lo hacen.

2) Que cuando éste se duerma y empiece a soñar, ella le limpie sus conductos auditivos por aquello de que el pasador no funcione bien.

3) Que observe detenidamente el comportamiento cotidiano de su esposo, cuidando que no utilice las naranjas del tianguis como esponjas para la espalda, la crema anti-arrugas como lubricante sexual o la fibra "Scotch" como zacate para la mascota.

4) Que quiera mucho a su galán, con sus defectos, sus virtudes y sus orejas.

5) Que ella no use pasadores. No vaya a ser que a los 5 días se le empiece a caer el cabello.

6) Que investigue si Diego no ideó todo este rollo para utilizar el mentado Q-Tip como otra cosa. No subestimemos el might be.

Monday, December 11, 2006

El Grial de la tía Juana


1998. Fiesta en casa de Mónica, una antigua amiga. Ya se extendió el relajo que comenzó en comida. Los invitados chupando tranquilos y sin novedad hasta las 11:51 P.M.

A las 11:52 P.M. la anfitriona Moniquita interrumpe una provechosa conversación que tenía yo con mis dos amigos v-boyistas, Roque y Paul:

"Si nos disculpan, las pepinas (como se hacían llamar) nos ausentamos un ratito de la fiesta. Vamos al cuarto de tele a ver un vídeo que grabamos en nuestra cena de Navidad pasada, donde salimos haciendo striptease. Sorry, pero los hombres no pueden verlo, con permisito y tomen lo que gusten de la cocina".

Roque, Paul y yo (los celebérrimos V-Boys) nos acabamos de quedar absortos, estupefactos, petrificados. Al instante, a los tres se nos evapora el chupe que sosteníamos, al igual que el hipotálamo y las papilas gustativas.

"Luis, ¿tú sabes algo de ese video pseudo-porn de las comadres pepinas?", me pregunta Roque al ser el primero en salir del trance.

"Según yo, en diciembre ellas se juntaron para su cena de Navidad, pero solo eso", respondo balbuceando. Paul todavía no reacciona y empezamos a creer que ha muerto de pie y que no tuvo tiempo, en vida, de caerse. Es una momia sin sarcófago.

Cuando comprendemos todo, las pepinas ya se han metido al cuarto de TV. Han introducido la cinta V-8, ya que han grabado la totalidad de su cena navideña y el episodio de semidesnudos alrededor de una lámpara habilitada como tubo. Este hecho tuvo también como sede la casa de Mónica, específicamente la sala, donde los tres imbéciles seguimos de pie, intercalando respiraciones.

Paul vuelve en sí y los V-Boys estamos completos. Comienza la improvisación de una estafa justo cuando el grupo Molotov reza uno de sus himnos de 1998: "¡Puto el que no brinque, el que no salte, puto!".

Con el deber de darle "matarile al maricón” que llevamos dentro, establecemos las posibles opciones de ataque:
1. La pacífica.- Aprovechar que Roque y yo somos (en ese entonces) los respectivos de Paty y Erika (componentes pepinas), para valernos del lazo y pedirles las cintas cuando acabe la fiesta.
2. La perredista.- Irrumpir salvajemente en el cuarto de la asamblea femenina.
3. La quirúrgica.- Esperar a que las provocadoras salgan y, de algún modo, hacernos de ambas cintas con sigilo, sin dejar rastro. APROBADA.

Valga decir que Paul primero intenta una cosa medio extraña, al trepar (afuera de la casa) un arbolito aledaño al cuarto de TV. Las pepinas se tardan menos de 5 segundos en sorprenderlo y el chaparrón casi muere por segunda vez en la noche. Una rama le queda en la axila y otra en la entrepierna.

"Creo que sí hay un tubo en esa grabación, pero no vi más", es el reporte del elemento de avanzada. Con eso basta para continuar.

Mientras tomamos valor con una maxi cuba "deli-deliciosa", algo inesperado: las pepinas, muertas de la risa, abren y nos invitan a pasar a ver el video.

No lo creemos, no puede ser. Nos están timando. Pero a las féminas no se les niega nada, así que cruzamos la puerta rumbo a lo desconocido.

Ilesos y hasta chiqueados por las pepinas, nos acomodamos. Todos en un sillón cual bolsa de panadería, más amontonados que nada. "¿Nos irán a violar?", pienso. "Dios así lo quiera, hermano", contesta Roque con la mirada. Paul sólo se alista a lo que venga y como venga.

Ya aplatanados, somos testigos de una aburridísima sesión de video, donde lo único que se ve son las pepinas cenando y platicando con un arbolito de Navidad al fondo. Ningún indicio de caderas al descubierto ni de lanzamientos de sostenes. Nos empezamos a desesperar, y ellas lo saben. Despiadadas.

De pronto, la escena cambia y en la imagen aparece una lámpara adaptada como tubo. Ahí mismo, Tatiana, la pepina con voz de presentadora, hace el anuncio de lo que tanto hemos esperado: el inicio del lanzamiento de prendas.

Miramos como zombies cuando, sin aviso, Mónica se levanta del sillón y detiene la cinta. "Lo que sigue no pueden verlo". Toma una segunda cinta que tiene una etiqueta que dice "Video de la tía Juana" y nos conmina a abandonar el cuarto. Roque la quiere ahorcar. Yo la quiero desollar. Paul, galante como siempre, dice que se conforma con un pedacito de ella para perdonarla.

Nos dicen "adiosito hermosos" y cierran la puerta. Estamos encolerizados, nos queremos desollar entre nosotros.

"Ok, calmémonos, lo bueno está en la primera cinta, es la que tenemos que conseguir porque por algo la detuvo Mónica; la segunda es de una tía, una vil pantalla", explica con tono científico Roque.

Media hora después, las mujeres han salido del cuarto y, sin que se percaten, Roque encuentra una de las cintas. Me la entrega y entro al baño. No hay de otra. La guardo en la bolsa de atrás de mis jeans. Mi entonces novia me quiere abrazar, pero me hago güey. Dice que ando distante. Tiene razón.

Nos despedimos, dejamos a las respectivas y Roque y yo pactamos una sesión extraordinaria al día siguiente en mi casa.

Pasan 18 horas. Roque y yo estamos instalados en mi cuarto frente a mi tele. Nos fletamos de nuez toda la cena navideña y llegamos al punto donde Mónica interrumpió todo.

Estoy perplejo. Entre 8 pepinas, es justo mi entonces novia la que va a comenzar el show en el tubo. Roque no parpadea y yo no sé si patear la tele o quitarme una agujeta para ahorcar a mi amigo, cuyas pupilas están dilatadas.

Por fortuna, el show no pasa de un baile cachubi con ropa. Resoplo. Turno de la solterísima Mónica. Estamos de vuelta en el juego... y Roque y yo tan amigos como siempre.

La damisela toma el "bra" por debajo de la blusa. Está por mostrarse al mundo entero y, justo ahí, justo ahí… ¡se acaba la cinta!. Ambos pensamos en quitarnos las agujetas, mientras el casetito se "ejectea" graciosamente del reproductor.

Craso error. Aquella desdeñada cinta de la famosa tía Juanita era la buena. Nos queremos desollar otra vez.

¿Qué había ahí?, ¿quién hacía su show y con qué rola de fondo? No lo supimos nunca. Roque fue absuelto y yo, como Mario Aburto, fui llevado a juicio por las pepinas como el gran culpable.

Al cumplir mi castigo, intenté readaptarme a la sociedad, pero no sirvió de mucho. Gracias a nuestra mente perversa, Roque y yo maquinamos organizar otra fiesta en casa de Mónica con tal de buscar el mentado "Grial" de la tía Juana, pero al final, desistimos. Todo misterio, todo baile y todo "striptease" engendra su encanto en lo que no se vio, no se ve y nunca se verá. He ahí nuestro motivo.

Sunday, December 3, 2006

The Ripper vs. J. Riggins


Mi amiga me golpeó en la parte más básica de mi ego y lo hizo enfrente de mis cuates. Conclusión: acaba de iniciar una guerra.

Jamás lo esperé. Estaba yo muy tranquis dando la bienvenida, cual valet parking, a los invitados de la posada que ayer, 2 de diciembre, tuvo a bien organizar mi querida hermana Lawrence en su casa, ubicada en la ondulante calle de Tekax (uno sube y baja por ahí y se imagina en la Feria de Chapultepec).

Pasada la media moche, y mientras yo me servía un chupe en la cocina, ingresaron al lugar mi amiguísima Gaby y mi hermano de diferente apellido, Luisma (por si no lo han visto, es el que anuncia Movistar con todo y barbita de mosquetero).

De manera extraña, la damisela se acercó y me saludó más expresiva que nunca. Abrazo, otro abrazo, la frase de "Cuánto tiempo sin vernos" y toda la cosa (parecía yo niño Teletón en brazos de Lucerito). Una onda enternecedora y digna de echar bombitas de shampoo al lado del refri.

Debí intuir algo, pero me fié estúpidamente de los abrazos pre-navideños y del esponjoso espíritu fraternal de la posada de mi "sisterna". Y con esta actitud, Gabriela tenía todo justo donde quería. Me acordé de las formas de proceder de Jack "The Ripper" antes de acabar con su presa. Ni quien se imaginara nada.

Y así nadaba yo en las aguas de la inocencia, brinde y brinde feliz de la vida con mi hermosa Mara, con Lawrence, con Paul y su respectiva, con Miguel, con Diego, con Ceci, o sea, con toda la tribu.

De manera inesperada y hacia la 1 de la mañana, Gaby "The Ripper" dio el golpe letal. Se acercó otra vez toda mona y me dijo que me traía un regalito. "¿Se habrá lucido con el FIFA 2007 para PSP?", me pregunté a mí mismo.

"Mí mismo" me contestó: "No seas imbécil, 'ta bien que sean muy cuates, pero ¿como porqué o debido a qué te va a traer algo hoy?". De nuevo... debí intuir algo, pero la aurora boreal de la fraternidad me volvió a faulear y aguardé, ilusionado y con los deditos entrelazados, al FIFA 2007.

De una bolsa sacó un paquete donde definitivamente no cabía ni medio kilo de tortillas y entonces... ¡shazzam!.

"Les presento las fotos de Luisito en prepa, vistiendo su elegante chaleco de tela; el mismo que él dijo que jamás usó en sus tiempos de estudiante", dijo la chilanga con suave tono de Laura Zapata, haciéndose la inocentota.

Yo efectivamente había negado haber usado chalecos de tela cuando adolescente, pero ella, desde el 27 de octubre, se había dado a la minuciosa tarea de encontrar entre sus curiosidades pruebas y vestigios fotográficos que pulverizaran mi reputación. Y así, con ese atributo perseverante (terco) de toda mujer que no se va a quedar con las ganas, Gabriela "The Ripper" colocó y empujó tres estacas en mi ego (80% de mí).

"Uno puede perder todo, menos el estilo", era la frase de mi mentor Ariel que siempre intenté seguir. Ahora, sentí haberlo traicionado. "Hermano, te fallé, pero de que me la cobro, me la cobro", murmuré con una ardidez irreductible.

Estaba yo a punto de solicitarle permiso a Luisma para echarle encima a su querida esposa el ponche de tecojote-jamaica-caña-tamarindo, pero Miguel, otro fiel cuate de mi gabinete de confianza, me hizo recapacitar: "Güey, te fregaron, pero aguanta, no es buen momento para vengarte", me dijo mientras mis ojos en blanco y temblando me hacían parecer protagonista de un exorcismo pirata hecho por un sacerdote chafa.

Accedí, tomé aire y saqué mis nervios fundiendo las luces de bengala en los jeans de Paul y molestando a Diego sin cesar, mientras Gaby se regodeaba enseñando mis chalecos "J. Riggins" a los demás. Cada que uno opinaba al respecto, mi rabia le pedía permiso a mi ego para salir al quite, pero de nuevo, Miguel se interponía como secretario de Gobernación para pedir diálogo antes que repartición de cates (yo seguía viendo a la olla de ponche como potencial arma).

A las tres dichosas fotitos de mi desgracia les quedaron impregnadas 452 huellas de mi cuadrilla de amigos, quienes comenzaron a retirarse más temprano que de costumbre. "Me voy a vengar, con el permiso de Luisma, pero la próxima la voy a acabar", dije en medio de mi viacrusis pre-navideño.

Cuando Gabrielita "The Ripper" (mi ex amiga) se despidió con un abrazo de este aporrado servidor, me dijo que esperaba verme antes de Navidad para darme una última felicitación decembrina, a lo que yo respondí con un elegante "Feliz Año Nuevo; acabas de declararme la guerra".

De aquí a la próxima batalla espero que mi ego (convertido hoy en hormiguita Banamex) esté recuperado y hecho un monstruo. De no ser así, yo mismo reconstruiré mi orgullo con tela "J. Riggins" porque, como decía el eslogan en 1994: "J. Riggins jamás pasará de moda. Vive con estilo, muere con estilo".

Y hasta para soportar la burla, uno tiene que mantener el estilo.