Tuesday, February 26, 2008

La campeona en 'quemados'


Tres cosas puedo decir de mi hermana: le gusta al 80 por ciento de mis amigos, cree que todos los peinados le quedan bien y siempre está ocupada en y por la familia.

De niño, jamás visualicé a mi hermana como mamá, y hoy no la visualizo de otra manera. Está anclada a su pequeña, dígase mi sobrina Reni, a quien considero la adolescente más pequeña del mundo con sus 5 años de edad y su profunda predilección por la ropa en detrimento de cualquier juguete.

Esta noche, poco después de las 10, se habrán cumplido 32 años de ser la morenaza, la risueña, la mamá-hermana, 32 años de no tener boobies y de ser "la mayor" de los hermanos. Y no sólo porque su semblante la haga parecer nuestra tía (varios me creen cuando saco ese chiste), sino por la mezcla de responsabilidad y pulcritud con las que maneja cada problema. A eso le agrega unas gotitas de sentimiento y un poco de drama. Pero la entiendo. Si no fuese así, los hermanos pareceríamos atracciones de museo, con una capacidad singular para no expresar. Mi hermana Lawrence, para eso y para creer que canta bien, se pinta sola.

Otra virtud de la cumpleañera es la de valerse de un extraño tono afresado para dirigirse a mis amigos: "Hola niñooooaaaa....". Ignoro si con ese arqueamiento de acento y ese caderazo de voz pretende dejarnos a los otros hermanos como los zapotes mixtecos de la familia. Ahora resulta que muy popis, ¿no? Pero valga aclarar que esta mujer de la espalda recta, irreductible y a veces hasta elegante no lucía erguida cuando jugábamos "quemados" en la calle de San Gabriel, allá por 1988. La gracia de mi hermana en su versión niña le alcanzaba entonces para ser la única de la bola de amigos que ofrecía rodillas ensangrentadas y raspones en el mentón a cambio de no ser tocada por los pelotazos y, en consecuencia, ser "quemada". Cuando alguien iba a lanzarle la pelota, ella echaba brazos atrás para agarrar impulso y, tres segundos después, volaba por los aires para finalmente quedar depositada en a) el cemento aceitoso de la casa del vecino mecánico, o b) la defensa del Spirit azul de otro vecino que nunca supo a quién pertenecía el cachete marcado en sus fierros. No era cachetada, era cachetazo. Y lo peor es que nunca la reconocimos como la campeona en "quemados".

Flaca siempre ha sido. Es mamá y le resulta anecdótica la idea de que una mujer nunca recupera su peso después de pujar por última vez para parir al chamaco. Lo más gordo que tiene es la convicción de que a todo mundo se le debe enseñar a ser mejor. Si pudiese, iría al infierno a leer el evangelio, y no por mocha, sino por terca y contreras.

Siempre fue tan recta que, mientras yo negociaba con el cartero para que no llegaran las calificaciones a casa, ella claudicaba en la fechoría y terminaba confesando a mi padre su 5 en historia, con su consecuente mes de castigo. Nada le dolía tanto como no poder salir a la calle a eludir pelotazos y ensangrentarse las rodillas.

Y en cuanto a hombres, desde muy chica la vi reír y llorar por Alfredo, un amigo de esa calle de San Gabriel que solía presumir sus pantalones arremangados y un copete tan largo que podía morder. Con esta escena, aquel compadre volvía loca a mi hermana. Greña larga en el frente y el rape a los lados. Resultado: mi hermana nacía a la vida hormonal.

Y fue el mismo Alfredo el hombre que le provocó el primer gran llanto intersexual a Lawrence. Mi padre nos avisó. Creo que fue sábado. Salimos a la calle corriendo y vimos una ambulancia que se dirigía a la clínica 32. Diez minutos antes, un hematoma se le había empezado a dibujar a Alfredo en la cabeza porque 12 minutos antes, jugando, se había trepado en el cofre del carro de su primo y, en una vuelta, se había resbalado, dejando caer su cabeza exactamente en el filo de la banqueta. En enero de 1989, escuché por vez primera a mi hermana llorar a mares por alguien, quien por desgracia falleció aquella tarde.

Hoy, la mujer que a las 10 llegará a 32 años, sigue llorando por sus seres amados. Y por esas lágrimas que nos dedica a menudo, hoy le ofrezco reconocerla por primera vez en la vida como la gran campeona en "quemados".

Tuesday, February 12, 2008

Lado B


La música no siempre expresa todo.

Enola Gay - OMD
"It's 8:15, and that's the time that it's always been. We got your message on the radio, conditions normal and you're coming home. Enola Gay... is mother proud of 'little boy' today. This kiss you give, it's never ever gonna fade away".
Quien haya bailado este movido tema de OMD dirá que es algo totalmente entusiasta. Pero la letra tiene otro cariz: el "Enola Gay" fue en realidad el bombardero B-29 que dejó caer la bomba atómica ('Little Boy') sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Fue, como dice la letra, a las 8:15 de la mañana y ese beso prolongado sigue sin borrarse... 62 años después.

Shine On You Crazy Diamond - Pink Floyd
Mientras el grupo grababa este tema en 1974 para el album "Wish You Were Here", un hombre gordo, rapado y con cejas afeitadas, vestido de blanco y con una bolsa de plástico en las manos, entró a los estudios Abbey Road. Ningún integrante de Pink Floyd reconoció al intruso cuando éste tomó asiento frente a ellos. Así pasaron varios minutos, hasta que el tecladista Rick Wright se percató de que el extraño era Syd Barrett, fundador de la banda, quien por problemas mentales había salido de la agrupación seis años antes, desapareciendo por completo. "He comido muchas chuletas de cerdo", susurró el regordete Barrett, mientras detrás de la consola Roger Waters rompía en llanto.
Al preguntarle sobre la melodía, Syd opinó que sonaba vieja. Después se levantó de la silla y partió. Fue la última vez que la banda vio a su amigo.
Curiosamente, "Shine On You Crazy Diamond" fue compuesta como tributo a Barrett, e incluso en aquellas sesiones la banda se refería a la pieza como "Syd's theme".

The Drugs Don't Work - The Verve
En septiembre de 1997 esta canción llegó a la cima del chart británico, fue elogiada alrededor del mundo y muchos fanáticos creyeron que The Verve buscaba ayudar a la juventud argumentando que las drogas eran dañinas. Pero Richard Ashcroft, compositor y líder de la banda, nunca pretendió esto. El estribillo "The drugs don't work, they just make you worse..." había sido inspirado en los momentos en que su padre padecía cáncer y Ashcroft, postrado a los pies de la cama, pronunciaba desesperado una y otra vez que los medicamentos no hacían efecto.
Pese a los esfuerzos, el padre de Richard murió poco antes de que The Verve despuntara como una de las grandes bandas de Gran Bretaña.

Agent Orange - Depeche Mode
Más allá de ser una refinada melodía de piano del disco "Music For The Masses", "Agent Orange" es el nombre de un arma química en estado gaseoso, empleada en Vietnam entre 1962 y 1971 por fuerzas estadounidenses y que dejó una estela de malformaciones en las generaciones posteriores.
Cuando parece que ha terminado esta melodía, se pueden escuchar una serie de ruidos. Se trata de un mensaje en clave morse cuya traducción es: "If anybody can hear this, please help me!".

What's The Frequency, Kenneth? - R.E.M.
El bizarro título de aquel primer sencillo del álbum "Monster" es simplemente la pregunta que un delincuente llamado William Tagger le hizo en repetidas ocasiones al comunicador de la CBS, Dan Rather, mientras lo asaltaba en 1986 sobre Park Avenue, en Nueva York. La frase era "Kenneth, what is the frequency?".
Años después, Tagger declaró que provenía de un universo 200 años más adelantado a nuestro tiempo. Según él, todos en el futuro tenemos un doble y había confundido a Rather por su futuro doble, el vicepresidente Kenneth Burroughs. Argumentó haberlo atacado en un intento desesperado por recuperar información para detener señales televisivas mandadas a su cerebro, con el fin de enviarlo de regreso a su tiempo.

Gods Of War - Def Leppard
"Today we have done what we had to do... He counted on America to be passive, he counted wrong", es la frase que se escucha durante el último minuto de este tema. Es la voz de Ronald Reagan durante su discurso presidencial del 14 de abril de 1986, en el cual justifica ante la nación un ataque aéreo sobre Libia. Durante esos momentos finales de la tonada se escucha el sampleo de dichos bombardeos.

Lo dicho: la música no siempre expresa todo.

Tuesday, February 5, 2008

Los 'lindos'


Una frase femenina como "Es bien lindo" está usualmente acompañada de otra más incómoda: "Yo no andaría con él, pero es un gran ser humano".

La tesis es simple: los "lindos" son para la amistad eterna. No existe posibilidad de romance con determinadas féminas. Ser "lindo" es la tumba del flirteo y la antítesis del éxito de los chacales, la pandilla opuesta. Si el universo está hecho de equilibrios, uno de ellos lo conforman el "lindo" y el "chacal". Y las mujeres (primeras en desechar la extrema melosidad) tienden a dar el "sí" al segundo, si no es que ya les fue robado un beso, con todo y jaloncito. Hay chacales que enamoran con música de Perales y "lindos" que ni con entradas en primera fila para el Bolshoi.

El 90% de los "lindos" viven silenciosamente enamorados de alguna amiga. No pasan de ser brisa. Son como el chipi chipi. No hay relámpagos, no hay truenos ni acercamientos sísmicos. El "lindo" es atesorado por la damisela, pero que no compite con el galán o el chacal. Porque ella, mientras con el chacal busca motivos, con el "lindo" busca excusas.

Ser esta especie de osito de peluche de una mujer es la resulta de alguien que está cerca, pero no como pretende. Esos ositos están acostadotes en la cama, pero son inmóviles. No por nada son los primeros en salir volando cuando llega la susodicha (con su galán respectivo) a darle vigor al colchón. El osito, aunque presencial, termina siendo ornamental. Su enamoramiento es como la existencia del vikingo: a la deriva, mirando a lo lejos y sin tocar tierra firme. Romance-ficción. Le usurpan lo que siempre y nunca ha sido suyo.

La frase "Ay chiquitooo, mi vidaaa, cositaaaa, me lo como..." sólo aplica a distancia. Pese a estas palabras de terciopelo, la mujer sabe que jamás decorará con una bombita de saliva un beso con su amigo. Habrá "esas" excepciones, pero el desenlace ya se conoce cuando se unen dos soledades. Ella acepta su tropezón y el faquir a sufrir, literalmente, "de lo lindo".

Cuando un "lindo" se arma de valor y decide salir de la hibernación para planear el rapto de su amiga, el chipi chipi corre el riesgo de volverse desagradable. Es imposible que Barney de pronto se vuelva sex symbol y de la noche a la mañana quiera mutar en Johnny Depp versión barbita, despeinado, maloliente y hablando de sexo rudo todo el tiempo.

Hay "lindos" que pierden porque, pese a sembrar un pasado incondicional, les llega el momento en el que terminan condicionando: "No te quiero como amiga, quiero algo más". Y la mujer, con sus muchas respuestas rosas, revira: "Tú eres mi amigo, no voy a arriesgar nuestra amistad. No eres patán como otros". Justo en ese punto, al "lindo" le decomisan las hormonas y el honor. Dicho de otro modo: se ha jodido, aunque no se tome la molestia de morirse.

Aunque un familiar o un tío metiche de la pretendida apoye la causa del aspirante con frases como "Deberías andar con 'Cesarín' (clásico nombre de 'lindo')", la mujer recurrirá al método de aniquilación acolchonada: "Yo lo adoro, pero es como mi hermano. Podría pasar en chones frente a él sin que se ponga loco". Pocas respuestas causan que los testículos se peleen tan rabiosamente al estilo Caín y Abel como ésta. Es como un misil en cuya punta va pegada la calcomanía de "Hello Kitty".

El "lindo", con su estridente vida interior, tiene prohibido acercarse a menos de dos centímetros de los labios de su amiga. Una versión sui generis de la libertad condicional. Pero eso sí, ha de ser agujerado por cuantos besos reciba ella de galancitos o chacales. Por tres razones, él siempre será más masoquista que el mismísimo Maximiliano al momento de ser fusilado: su ejecución será sin capucha, con ojos abiertos y fingiendo una sonrisa cuando todo es adverso. Mirando a su amiga como una cuestión legendaria. Concreta, pero imposible. Real, pero imaginaria.

Una prisión con vista al mar.

Tuesday, January 29, 2008

Gabriel's Oboe


Cuando yo tenía 8 años, mi padre compró "The Mission", entonces en formato Beta, y la trajo a la casa con la intención de llenar de magia el cuarto de tele.

Aunque no puedo recrear los detalles de aquella tarde, recuerdo que a mi antecesor se le salieron las lágrimas durante el tema principal del filme, llamado "Gabriel's Oboe", de Ennio Morricone. Empezó a respirar con dificultad, se agachó para abrazarme y luego fue al baño a secarse las lágrimas... y los lentes. Yo, en algún momento del filme, me quedé dormido. Demasiado chico para entender algo así.

Anoche, a oscuras, escuché de nuevo esa pieza que dura poco más de dos minutos y la repetí al menos 10 veces. No respiré mal (aún no padezco los problemas nasales de mi padre), pero sí se me escaparon lágrimas. Sigo sintiéndome demasiado chico para ello.

Viene Morricone en mayo con todo y sus estelas de explosión para el silencio. Sin duda, una cita.

http://www.youtube.com/watch?v=PRb8KKyenSY

Wednesday, January 23, 2008

Pilla bautismal


"Bautismo". Así le llamaban a la costumbre de antaño en que los padres llevaban a sus varoncitos a paladear "su primera vez". El morir y renacer en brazos de una puta. La maestra, la que pasaba al chamaco por las armas y le enseñaba a cargar cañones y disparar fusiles. El adiós a la inocencia primigenia en una oscuridad donde se dan los cambios de ritmo y, con suerte, hasta de repertorio.

Sobre aquellos métodos de "iniciación" me platicaron hace poco en una cena algunos veteranos de más de medio siglo, quienes recrearon las épocas en las que un chiquillo se deleitaba por vez primera ante una taconuda. La colisión de un niño que escupía verduras de día con una profesional que devoraba carne de noche. Y todo para comprobar que las vampiresas sí existen... y que también duermen cuando hay sol.

Los adolescentes dependían de los criterios del padre para llegar a esta pila bautismal de estancia opaca, de piernas largas y de vida a deshoras. Las pirujas recibían al chamaco al estilo de la maestra de primaria que lo anima a soltar el brazo del padre para encerrarse en los salones de clase. Pero aquí la pedagogía era epidérmica y en este show no había más reflectores que la luna. Se trataba del primer "orgasmo atendido", donde el torrente era más eléctrico que sanguíneo. Y todo para hacerle ver a un niño que la pérdida de control puede ser deliciosa y que las mordidas de las niñas no siempre abanderan el odio entre sexos.

Electrochoques, espasmos, revelaciones de lo que uno es capaz de hacer con muslos y dientes, un nuevo método de respiración y dos que tres titubeos se ofrecían a cambio de una módica cantidad que coronara de una buena vez la gestación del "hombrecito". Esto era, a la vista del padre, la credencial de mayoría de edad del vástago. El auténtico cumpleaños.

No se podía opinar mucho al llegar a las "casonas de buena muerte". Aparecía la dama elegida, con todo y sus lunares, y si al querubín no le apetecían esas "pasas de la piel", con la pena: a probar que ya habría tiempo después para la simplificación de los gustos y la especificación de los tipos femeninos. En la primera noche de sexo, el olor, la consistencia y el color eran lo de menos con estas damas de alto rendimiento.

Nervioso, el padre esperaba afuera. No se marchaba porque le apostaba al vigor primaveral de su cachorro y a su consecuente rapidez. Un cortometraje en el cual el encuentro sexual de tejidos orgánicos del otro lado de la puerta implicaba enorme suspenso de este lado. El mejor de los thrillers. El primer filme clasificación "C" para adolescentes.

Pese a promover la tradición, para el hombre de canas no era fácil el que su hijo se convirtiera de pronto en el máximo dignatario del cachondeo, encerrado en un cuarto donde la Tierra rota sobre otro eje y no de forma elíptica, donde las mujeres no cierran los ojos, donde se sublima la libido con malabarismos y donde la ruta de evacuación no es la que conocemos.

Cuentan los añejos evangelistas del sexo que algunas pirujas solían despedirse de sus clientes primerizos con frases que hacían confluir los acueductos del bien y el mal: "Aprendiste con el diablo; págame y ve con Dios". Narran que estas palabras eran pronunciadas con la misma banalidad con la que al día siguiente la prostituta pedía un kilo de naranjas en el mercado. Al fin y al cabo, ambas cosas las hacía para comer. Y todo dentro de un recinto prohibido en el que se inspiraba azufre y se espiraban nubes.

Depositarias del "bautismo" o enemigas de la moral, mártires en necesidad o putas consagradas, lo cierto es que arder al margen del enamoramiento ha permitido a las taconudas tener el único oficio que, en pequeñas dosis de muerte, da la sensación de obsequiar vida eterna.

*La imagen es pintura de mi hermano Alex, un grande de este mundo.

Saturday, January 12, 2008

Tres tatuajes 'Chai' latte


Miguel Larrauri me lo planteó así: "Si quieres otro tatuaje, que te lo haga el 'Chai'. Él es tu hombre".

En 2004 me hice una cruz y un Ohm en los extremos de la columna vertebral, pero recientemente mis ansias aumentaron y, como todo defeño que requiere coros para llevar gallo, le metí suficiente paella en la cabeza a mi compadre Luisma para que también se tatuara. No lo obligué. Él pertenecía, hasta hace rato, a ese 95% de fresas que siempre han pensado en rayarse, pero que ignoran si en esta vida encontrarán el diseño (valor) para hacerlo.

Desde la semana pasada fuimos al santuario del rayón, acompañados por alguien con más valor que la suma de ambos (Mara). Desde entonces, Luisma reflejó que cumpliría su promesa de anclar un signo asiático a su tobillo (ni que tuviera los pies de Mercurio). Apenas entró al changarro, lanzó un aseado "buenas tardes; provecho" a la tribu de gañanes que rendían culto al "Chai", quien, al estilo de Toro Sentado, mordisqueaba un taco de cecina con cilantro que hacía más místico el entorno. Obvio, nadie le contestó a mi cuate. Esa prosa estilo llegada a fiesta del Pedregal equivalía aquí a despedirse de una pirus travesti con un "Te agradezco estos momentos, princesa, ¿cuánto te debo?".

El "Chai", a quien según yo vi en "Apocalypto" persiguiendo a un jabalí en la selva, escuchó nuestras ideas, hizo la conversión de agujas a pesos, y puso fecha: "Les sale en 500. Los veo el sábado a las 3. Contigo me llevo unos 25 minutos y contigo... tardo menos, unos 25". Todo un tlatoani.

Con su tobillo y mi antebrazo listos, y acompañados por Mara y mi gran amiga Gabs, hoy regresamos a los dominios del "Chai", en cuyas paredes sólo falta una cabeza de puerco en una pica. A las 2:50 atravesamos la puerta y, ahora sí, un Luisma más rudo saludó como se debe: “Qué onda güey”. La tribu le respondió al unísono.

“¿Listos?”, se oyó a lo lejos. Era la voz del jerarca, quien emergía con un peinado a la italiana que me hizo recordar a Luis Miguel en el “Segundo Romance”, pero en la edición kilográmica y no bronceada, sino tatemada. Luisma, con el maxilar entumido, pasó un buche de saliva y cinco minutos después, estaba en la tablilla de ejecución con su piernita derecha depilada y recibiendo nueve agujas por segundo. Entró en un coma visual en el que nos percibía a los demás en cámara lenta y en blanco y negro.

Acabó su picoteo y a las 3:15 me preparé para darle matarile al maricón con todo y esa humedad en la entrepierna de la que hablaré en mis memorias. Iba ya al encuentro con una avispero de agujas hasta que (¿por qué no?) a Mara se le ocurrió hacer un examen de 67 preguntas al “Chai" para ver si la convencía de rayarse. 20 minutos de amena plática entre Toro Sentado y mi mujer, y yo, como edecán de Corona a un lado de ellos. Gabs me aconsejó paciencia, así que invertí el tiempo en calmar a mi antebrazo y en decirle, como mi madre hacía conmigo, que sólo iba a sentir un pellizquito porque “nada se compara al día en que te parí, mi vida; eso sí es dolor”.

Concluida su tertulia, tomé asiento y apoyé mi brazo en una base acolchonada. Y luego… a mirar dos puntos en el firmamento: un enternecedor cuadro de “Scarface” y una pomada que decía “Para dolores extremos, Sabitine”. La caja era naranja, pero a veces, no sé por qué, se hacía roja y luego morada y después multicolor. Tras 15 minutos, un reloj de arena abstracto, hecho a modo de pinceladas, saldaba mi encuentro con el gordo.

Pero quien se robó la tarde fue Mara. Se armó del más inaudito grado de valor, y se quedó descalza para que el “Chai” le hiciera no una, no dos, sino tres mariposas… ¡en el empeine!. Y luego con las salomónicas palabras del tatuador de “Si gritas, nomás no te muevas”, pues ahí les encargo.

Mientras Luisma fue el acompañante incondicional de mi norteña, Gabs y yo fungimos como los trozos simétricos del mexicano sacatón al alarido ajeno y decidimos ir a la farmacia a buscar pomadas, paletas de chocolate y, si se hubiese podido, una patineta y un tix tix también (con tal de hacer más tiempo). Al volver, Mara parecía haber parido dos gemelos de 5 kilos cada uno. Resopló y resopló hasta transformar el peinadito napolitano del “Chai” en el look más maradoniano de Jorge Falcón.

De la salida de ese lugar a este instante no recuerdo mucho, sólo que comimos entre risas en casa de Gabs y Luisma, que la lasaña estuvo deliciosa, la plática excelsa y el vino exquisito.

Y el brindis, por supuesto, en todo lo alto y a la salud del “Chai”, gordito purasangre que nos llevó del terror puro a la versión placentera del martirio corporal… y sin teflón.

Monday, January 7, 2008

Cuestión de lujuria


Pese a su perpetua tranquilidad, las historias detrás de una fotografía no siempre son simples.

El 9 de marzo de 1986 Depeche Mode comisionó a un fotógrafo la portada de su sencillo "A Question Of Lust", cuyo resultado aparece en el recuadro contiguo como testimonio mudo de dos extraños a los que les fue encomendado besarse.

La imagen fue capturada en el interior de un apartamento en Brixton, Inglaterra, y el flashazo definitivo se logró cerca de las 4 de la madrugada, cuando el artista, cuyo nombre se desconoce, estaba en el tope de una borrachera y acumulaba horas de frustración tras olvidar la idea original para la portada.

Pero ese estado etílico y la enorme presión a deshoras se combinaron para que brotara un instante de inspiración. El fotógrafo llamó a Gary Bruton y a una buena amiga de éste, Daphne, sin saber exactamente qué hacer con ellos. Reparar el daño por levantarlos y convencerlos de salir de casa a media noche no resultó difícil al ofrecerles eternidad en una tapa de Depeche Mode.

Acomodó a la pareja de amigos en su estudio para fusilarlos con su Nikon FA, pero los disparos, afectados por un invisible tufo a coñac, dieron lejos del blanco. Desesperado, les pidió que se besaran. Una penosa sonrisa de Bruton coincidió con un titubeo de Daphne, quien finalmente aceptó muy a pesar de sus reglas de fraternidad.

Al recibir la fotografía dos semanas después, la banda resultó complacida, pero, por otro lado, la hoy conocida carátula de "A Question Of Lust" tuvo un efecto atómico en Bruton al quedar perdidamente enamorado de su amiga, quien rechazó toda propuesta de amorío post producción. Gary la anheló tres años, pero aquel beso jamás se repitió fuera del departamento de Brixton ni produjo saliva en el mundo real. Decidió, entonces, mitigar su tristeza enrolándose en movimientos contra el SIDA en países depredados como Pakistán, Sudán y Afganistán.

En 1998, mientras Depeche lanzaba un disco de singles, con "A Question Of Lust" incluido, Bruton se topó en el registro de muertes por SIDA con el nombre Daphne Amanda Low, junto a la foto de una mujer que, aunque modificada en el semblante por 12 años de antigüedad, le resultó familiar. En el expediente confirmó que su antigua amiga se había infectado en 1992. Ella misma había cultivado su tragedia con un desenfreno entre sábanas que le dictó sentencia durante los seis años siguientes. Su promiscuidad había sido una herida que solo esperaba abrirse en alguna desafortunada noche en la cual el coito viniese corrompido.

Ironías. Una cuestión de lujuria hizo a Daphne y a Gary mundialmente conocidos en una imagen musical. Y también una cuestión de lujuria los hizo reencontrarse varios años después… a través de la fotografía, con sello rojo, de una carpeta médica.

Parece que Gary siempre estuvo del lado correcto de la carátula.

Tuesday, January 1, 2008

Los archivos asturianos (versión censurada)


David fue novio de Ana y de la hermana de Humberto. Sergio suma dos años de matrimonio con Paola. Paola fue mi galana un mes tras haber andado con Ana y Marijose. Ana está casada con el primo de Sergio. Marijose es soltera, pero hace poco tuvo un romance con el hermano de Humberto que terminó cuando ambos entendieron que no se gustaban y que se usaban de quitapenas. Y Humberto siempre pretendió a Paola, por lo que tuvo una porosa amistad con Sergio.

"Me agrada cómo se cuidan el rabo unos a otros", dijo el padre de Paola en una romería del Club Asturiano para definir a nuestro grupo de amigos. "Tienen un lazo de pulpo. No saben qué tentáculo los toca ni a quién pertenece, pero el pulpo está aquí y no sale de aquí; son muy abiertos dentro de un grupo muy cerrado". Y el señor de cabellera blanca tenía razón.

Ciertamente, entre 1993 y 1997 quienes formamos aquella pandilla asturiana (la única española era la chica de Toledo, Marijose) éramos una especie de secta que basó sus rituales igual en tertulias de cafetería que en ayudar a Majo a pelar elotes para que su familia cenara un raro tipo de pozole, o en escuchar a Paola lucirse con su darbuka, un hermoso instrumento con parche de cuero que nos hacía imaginar el desierto árabe en plena zona de albercas.

David siempre fue el líder, pero no de clase napoleónica, sino como quien descolgaba los temas que nos conectaban. Juntos todos, él llegaba poco después al Asturiano y lanzaba el tópico que desataba la discusión. Parecía el bartender que ofrece una ronda para que todos la consuman y, ya engranados, él sigue limpiando la barra y parando oreja. Un astuto incitador, pasivamente activo.

En nuestro viaje adolescente no había más rumbo que el viaje mismo. No había futuro. Privilegiábamos lo irrepetible y aniquilábamos la infancia. Asumíamos los atardeceres en el club como un desdoblamiento. Humor desternillante en las sobremesas, conversaciones al sol, risas al anochecer... y a casa. Estábamos borrachos de nosotros mismos sin beber una copa, porque todo trago no se ingería, se platicaba. No éramos alcohólicos, pero sí adictos. Sólo faltaba ponernos de pie y decir con mucho tesón "Me llamo tal, tengo tantos años y soy adicto al Asturiano".

Establecimos noviazgos internos, pero la auténtica fidelidad fue a la tribu. Podíamos quebrar los amoríos, pero casi nadie buscaba latidos más allá de la colonia El Reloj. Éramos un archipiélago. Nos creíamos oro por ser amigos irrompibles, aunque como amantes nos incendiáramos.

Hace poco regresé al Asturiano por capricho del destino y el descuido de un guardia que roncaba junto a los torniquetes de acceso. Caminé a oscuras por el club guiado por mi celular y llegué a las canchas de futbol. Me senté en las gradas y ahí me abrazó el pasado. Le pedí no ser tosco, pero me ignoró. Mi cabeza empezó a sacar humo. Recordé los reclamos de la madre de David cuando éste fue fauleado sin piedad en el '94. Volteé a las últimas butacas y recordé los primeros besos suspendidos de los hoy esposos Sergio y Paola. Cada que un gol caía se abría tiempo para agregar al beso un manoseo tembloroso.

Recapitulé mi conmoción cerebral luego de que un rival me estampara contra un bebedero mientras tomaba agua. Empecé a tragar sangre y muerte, y desperté en la enfermería. Conservo tatuado en mi labio el foul extra cancha de aquel juegazo entre Asturcón y Sueve (perdimos 9-1), tras el que mis amigos se le fueron encima al culpable de mi hemorragia. Parecían perros sin más adiestramiento que el ladrido y las ganas de destazarlo. Meses después, mi padre otorgó el perdón que sirvió para que el agresor continuara como socio, aunque ya no como jugador del Sueve, equipo que posó para la foto de campeón sin su corpulento medio de contención.

Ya en mi regreso a los torniquetes, miré las rocas volcánicas que, por algún jodido motivo, Ana y David concebían en 1995 como hotel dos estrellas y al aire libre, acondicionado para demostrar que nada es tan tonificante como el manoseo de embarradita pastelera. De medio año como novios su baticueva funcionó durante cinco meses (buen promedio), hasta que un día un viejo quiso usar su santuario como baño. Aquel cruce de reclamos entre mis amigos y el anciano no tuvo mayores ecos. Por pena... ninguna de las partes jaló el gatillo. Acusar era acusarse. Y ese episodio, que hoy David narra inexplicablemente en cada cita con mujeres, hizo que terminara su noviazgo. Ironías de la vida: una falla en los esfínteres de un desconocido, y no una infidelidad, llevó a Ana a solicitar el fin de "el romance en las rocas".

Hoy, superados los años asturianos y lejos del club al que ya nadie va, vivimos en el más allá sin haber muerto, en un presente en que lo único que se mantiene de aquellos tiempos es la pasión de Paola para tocar el darbuka.

Pasamos, auténticamente, a mejor vida.