"Y aquí le vamos a dar un premio al que inaugure históricamente la sección de comments de The Corridor. El Chanfle, gracias. No hay mejor pretexto para inaugurar un blog, que no tenerlo. Es lo más auténtico. Ya verás Inphi que poco a poco saldrá la eyaculación espiritual".Y sí, mi hermano Chanfle II escribió esto el 11 de noviembre de 2006. Poco antes él me había conminado a iniciar mi propio blog. Y más de cuatro años después, el corredor aún vive. Tenía razón el de la barbita.
Al compadre lo conocí en los albores del milenio. Supongo que cuando yo reporteaba y mis primeros modos de dirigirme a él era para pedirle que me llamara y me tomase "adelantos" (lenguaje periodístico, nada sideral). Posteriormente, mis recuerdos abundan en las risas que desatábamos ambos en la sección de deportes. Muy pronto nos volvimos amigos. Y pronto lo trasladamos a una versión de hermandad tácita. Destaco los consejos, pero más las bromas. No era desmadre, era alegría. Algunas amistades así son... pura alegría. La que tengo con Chanfle es eso: un bienestar de tiempo completo.
No obstante su franqueza y su ser frontal cual tiburón que se estrella con la jaula del buzo, en poco más de 8 años solamente una vez me externó algo que le molestó de mí y una sola vez hice lo propio con él. Eso habla de las escasas impurezas de un lazo en el que el habla y la escucha se entendían tanto como el gel y la barbita. Cada uno su sello. Y contra el encanto no había que pelear. Mamadores al 100 por ciento.
Pese al vínculo alegre y con forma de quecosaedro, muchas horas las dedicamos a bien filosofar, aunque siempre fue preferimos mal filosofar. Sin estupidez no funcionaba la elucubración, sin tema femenino tampoco, pero eso sí, a un enunciado deportivo correspondía una disertación musical. Y yo me sentía escuchado, y qué más agradece uno hoy día que una oreja atenta y auténtica.
Algo que siempre le admiré es que exprimía el mismo acento para narrarme su último acostón como para tomar la palabra la noche en que velaron a su abuelo y cautivar a todos con un discurso que exponía las entrañas y pulverizaba frivolidades sin sonar pretencioso ni vacilón. Era su corazón hablando y nosotros latiendo alrededor. Nunca ha cambiado ese modo, esa templanza. Sus berrinches son otra cosa y todos los tenemos. Pero en el terreno, en la lucha y en la grada, siempre ha sido el mismo jugador. Aun saltando ante The Strokes que gritando frente a Héroes o Arcade.
Ha sido padre de su hermano, lo que no todos aceptamos ser. Ha sido esposo de su madre, lo que pocos podrían. Ha sido hijo de su abuela, lo que a muchos desesperaría. Y, a título personal, ha sabido ser mi amigo menor, aunque me saque una cabeza de estatura. Me ha brindado el privilegio de que yo hable y él escuche por la mera diferencia de edad y no ha mostrado deseos de atravesar épocas ni edades. Él es de su edad, a su edad, de su tiempo y a su tiempo. Con mil facetas porque su vida lo ha exigido, pero de una sola pieza... como los hombres auténticos de pies a cabeza.
Mañana se va del lugar en que lo conocí y todo parece indicar que echaremos una última comida estúpida. No es que nos dejemos de joder en el futuro, pero al menos eso sí sucederá en el terreno en que pretendimos amistad y obtuvimos hermandad. En el trabajo nos vinculan de un modo casi Chómpiras-Botija, afuera somos más habituales, más usuales, menos especiales, más normales. Aquí somos, allá afuera estamos.
En fin. Siendo o estando, cuentas conmigo, mamador. Te deseo éxito U.N.I.C.O. y bienestar de tiempo completo.
Ya verás que seguirá saliendo la eyaculación espiritual.