Thursday, October 24, 2013

Carta a mi hijo único 24 horas antes de dejar de ser mi único hijo

Hijo adorado:

Escribí esta carta el 18 de octubre de 2013, apenas 24 horas antes de que naciera tu hermana menor. Quise hablarte justamente en esta fecha en que vivimos los últimos momentos como familia de tres, un nido que ha sido especial y hermoso, una fórmula que ha cautivado a tu madre y a mí y que, sin exagerar, nos ha convertido en los seres más iluminados del mundo. Porque es así, desde hace poco más de dos años, nos has iluminado, bendecido, ungido y remojado en aguas de felicidad.

Desde tu cuna, desde tu cuarto de juegos, desde tus escondites y tu lugar preferido en el parque, has proyectado un nuevo tipo de vida para nosotros. Nos has hecho ver la vida "color domingo", ver la esencia del mundo, palpar el fondo, gozar lo auténticamente importante, lo básico, lo valioso, lo sagrado. Algo como tú. Un ser sagrado e iluminado. Y que contagia.

Eres felicidad viral, eres sensación permanente de optimismo y, al menos yo, me siento abrumado por verte a diario como un ser al 100% de intensidad y vitalidad. En apenas dos años me has enseñado mucho más de lo que yo a ti. Sin que lo sepas, he soltado lágrimas mientras duermes. Nada malo. Han sido lágrimas de felicidad. No he podido dejar de agradecer a Dios lo que nos ha regalado a través de ti. Has sido espectacular, así de simple.

Hoy me veo pleno, me agoto en la sonrisa y me consumo en un beso o un abrazo tuyo. Me siento anclado a ti y despegado del mundo que conocí antes de que nacieras.

Han sido los dos años más brillantes y soleados de mi vida, ahora proceso mi existencia a través de la ocurrencia y la peripecia. Ya no planeo tanto, ya no tengo tantos sistemas alineados a un calendario. Ahora aprendo de ti y de tu forma de ver la vida. Ahora dejo que se me cruce en el camino un helado de fresa y me emociono otra vez cuando pasa un avión y vuela de manera espectacular, así, majestuoso, ruidoso, fuera de dimensión.

Había olvidado que uno puede jugar con su sombra, había relegado la fuerza que tiene el brillo de la luna y había dejado de pisar charcos. Nunca dejó de ser divertido, simplemente... dejó de ser. Yo mismo dejé de ser.

Tú eres mucho de lo que yo dejé de ser. Pero ahora... tú vives y así yo revivo. Con tu ayuda y sonrisa me recupero a mí mismo. No eres complejo, no eres conflicto, eso lo practicamos quienes dejamos de ser niños, hace algún tiempo.

Gracias a ti me he desenterrado de la arena que dejé caer sobre mí en los últimos 30 años. Duermo menos, pero juego más. Descanso menos, pero me divierto más. Ya no soy tan joven, pero soy mucho más feliz. Me has enseñado a cantar mientras camino y a echar agua al peinarme. Ni qué decir del poder de una litera: el mundo se ve chaparro.

Contigo comprendo ahora que la noche del martes es tan amena como la mañana del sábado. Y también sé que cinco minutos más de juego son una carrera emocionante contra el envejecimiento. Tú vacías el tubo de energía, no guardas nada, por eso duermes así, por eso eres rigurosamente feliz.

Para encontrar la dicha, sé impuntual, deja que llegue tarde o temprano. No dejes de utilizar tu sonrisa, sirve para mucho más de lo que crees. No dejes de mirar aviones, no dejes de buscar lagartijas, no dejes de explorar. Si buscas luciérnagas, un día hallarás un abejorro del tamaño del sol.

Y nunca dejes de ser noble. Algún día te toparás con la más grande felicidad que puedas imaginar: tu propia familia, tu mujer, tus hijos, tus "Rodrigos". Para entonces, espero, yo seré sólo un orgulloso padre y un dichoso abuelo.

La única forma en que te ganarás el mundo será conservando lo que eres hoy, a tus dos años de edad: un ser de luz, una mirada curiosa, una sonrisa perpetua y un pequeño hombrecillo con el corazón del tamaño de un dinosaurio.

Eres esencial, eres sustancial. Dedícate a crecer en cuerpo y a alimentar el alma. Sigue siendo contundente y decidido, y especialmente, no le des vueltas a las cosas, mejor dale muchas vueltas a los parques, a las ciudades, al mundo, a la luna.

Te amamos tanto como tú amarás a tus hijos... algún día. Cuando duermas menos y te diviertas más.

Papá.

Friday, September 20, 2013

Llegué tarde

Llegué a casa hace minutos, pero no alcancé a ver despierto a mi hijo.

Al entrar a su cuarto, ya todo estaba quieto, en calma, oscuro, y quizá lo que más dolió fue ver que llevaba escasos minutos dormido. No había pasado tanto porque su carrusel de música estaba encendido y girando. El barco acababa de zarpar.

Su siempre ritmo sereno, su pecho elevándose en la más completa tranquilidad, la pureza del alma reflejada en su respirar sin pena, sin culpa, sin polvo, sin maldad, sin mundos hostiles, sin rencores del ayer ni amenazas del mañana. Un ángel viajando sobre la siesta, dentro de la fantasía, por fuera de este universo. Y yo... ahí al lado, mudo, impotente, cercano pero lejano.

Me sentí derrotado.

Me venció la "responsabilidad" y rompí la promesa que le hice de llegar a jugar futbol en el pequeño pasillo con piso en el que él ve un estadio con pasto y portería. Fallé.

Llegué tarde y, aunque no es la primera vez que sus ojos se cierran antes de que yo abra la puerta, sí ha sido la demora más dolorosa. Tenía unas ganas inmensas de abrazar a mi hijo. No sé el motivo. Supongo que no hay que saberlo. Quería timbrar y escuchar su grito desde el otro lado de la puerta, como siempre, con su corazón listo para el abrazo y sus manos prestas para colgarse de mis hombros. Mide menos de la mitad que yo, pero es el doble de emotivo.

Noche normal de viernes, pero estoy abatido, partido. Miré hace minutos su postura y quise despertarlo, pero no me atreví. Era tarde. Es.

Me acerqué, le di un beso en la frente y le pedí perdón en un susurro casi imperceptible, pero dentro de mí sonó un trueno. La culpa.

Los juguetes no mienten. Hoy hubo mucho juego en este pasillo y yo no estuve aquí. Supongo que soy el enésimo padre al que le pasa lo mismo. La espada es el trabajo y la pared la idea de que no falte nada en casa. Y en ese breve espacio, se gana algo y se pierde otro tanto. Cliché de siglos, pero real y vigente.

Se ganan minutos dinero, se pierden horas amor.

Cambio esta larga noche por ser mejor padre, por no fallar. Por no volver a quebrar una promesa que para mi hijo es tan poderosa como mi contrato con el mundo que me hace creer que soy más "importante". Cambio la noche por no errar de nuevo y por darle todo, pero conmigo, aquí, con él, como él quiere.

Hoy me sobran horas de noche, hoy me sobra culpa. Hoy me falta ser mejor, hoy me falta estar. Y ser, ser, ser....

Tuesday, May 7, 2013

El Astronauta... dos años después

Lo que diga es poco. Lo que calle es mucho. Sólo sé que esa sonrisa me llena los ojos y me llena de vida.

Ventajoso como soy, siempre le pregunto si es feliz, a lo que responde con un simple "shí". Después nos junta a su madre y a mí, y nos empuja para que nos demos un beso. Y, al hacerlo, dice "gracias" con una sonrisa distendida. Tan simple como eso. 

Es la época en la vida de un ser humano en la que lo más sencillo es lo más importante. Contrario a lo que muchos piensan, los niños se enfocan en el pan, mientras que los adultos nos preocupamos por el merengue del pastel. Ellos la esencia, nosotros la apariencia.

El Astronauta... nuestro hijo, nuestro tesoro, cumple 2 años. 

No hay palabras suficientes ni cercanas siquiera. Hay vivencias, hay risas, hay recuerdos, ya demasiados para el poco tiempo. Ahora entiendo muchas cosas, tantos momentos que escuché como hijo que ahora intento replicar como padre. Me siento pleno, combustible a tope, agradecido por cada instante que he dejado atrás y ansioso por cada momento que venga, con él, por delante.

Ventanas abiertas, que entre el aire e inflemos los pulmones. Con ojos cerrados y en medio del silencio helado de las noches, pido siempre a Dios por él, por mi adoración, por la única razón de vida que jamás busqué, y que ahora, es la razón sin la cual no podría volver a encontrarme.

Feliz segundo cumpleaños, mi amor. El "dosh", el previo al "tés", al "cuato", al "shinco", al "sez"...

Ya pronto tendrás copiloto...

Thursday, December 27, 2012

La esencia de la vida

Hoy, en cierto sentido, me despedí y di la bienvenida a una misma persona. Ninguna contradicción, si acaso una ironía. Me explico: nuestra relación, si bien siempre sólida y cordial, mutó en unos cuantos minutos, al tener una conversación que rápidamente recapitulaba y repasaba años previos.

Mientras la charla avanzaba, reparamos en el hecho de que los amigos muchas veces entierran su propia amistad bajo arenas no precisamente fraternales, y la hacen desgraciada al colocarla como rehén de la cotidianidad, de la costumbre, del desapego a lo esencial, de los números, del estrés, del frenesí. Y todo, por hacerlo en supuesto favor del desarrollo, de la productividad, de la estrategia, del cumplimiento a cabalidad del deber, del trabajo per se, del monstruo que convierte a las personas en socios o, peor aún, en fuerza laboral, en números, en masa. 


Y no hay nada más triste que cosificar los días porque así se cosifica el espíritu... y nos volvemos máquinas. No hay trabajo más inspirador que el trabajo hacia uno mismo, hacia el cuerpo, hacia la mente, hacia el bienestar, hacia el crecimiento como individuos, como familia, como amantes, como amigos. Lo demás habla ciertamente de nuestra habilidad, pero no de nuestra valía, mucho menos de nuestro valor.


Al final de la plática, yo le deseé una feliz libertad y él por primera vez se dirigió a mí con un sentido "Querido amigo...". Y el colofón fue un abrazo con el acostumbrado apretón, pero con distinto significado. De pronto, el momento se apellidó diferente. Hubo frescura a pesar de las arrugas, hubo novedad a pesar de la vejez de esta amistad, edificada durante 11 años. Queda muy claro que nunca es tarde para volver a los básicos y nutrirnos de los primeros maíces que nos da la naturaleza. Todo lo que en su momento germinó sin procesamiento artificial, sin muros ni jerarquías de por medio, sin colorantes de personalidad ni saborizantes de comportamiento.


Poco después de despedirnos, me topé curiosamente con una frase de José Mujica, presidente de Uruguay, que bien podría resumir los átomos de la conversación a la que refiero. La coloco aquí como una reflexión que pasará a la historia no solamente por haber sido expuesta en una importante cumbre entre políticos. Es, ante todo, un regalo de vida:


"Estas cosas que digo son muy elementales: el desarrollo no puede ir en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la felicidad humana; del amor a la tierra, del cuidado a los hijos, junto a los amigos. Y poseer, entonces sí, lo elemental en la vida". 


A veces no es tan difícil recordar de dónde venimos. Pero es fácil olvidarlo.

Tuesday, October 16, 2012

Te amo, Josh

El paseo duró 15 años y ahora hay mucho silencio y muchísimo dolor.

Desde este lado del universo, desde este lado de la existencia, mi corazón y mis recuerdos son tu nueva casa. No hay salchichas ni manzanas, pero sobra todo lo que se te ocurra y más.

Gracias por todas las caminatas, mi fiel, prudente y hermoso amigo.

Friday, July 20, 2012

Mirando aviones

El Astronauta miraba por la ventana en más de 150 ocasiones a la semana. Señalaba a cada partícula voladora, a cada avión brillante que hacía el medio círculo de ruta y no se desviaba de ella. Y él, parado sobre el sillón de la fascinación, aprovechaba los minutos prematuros y también los tardíos para mirar hacia arriba y no dejar de mirar. Jugar con lo que estaba tirado en el piso, en el mundo de acá, era tan poco, tan tan poco…

Pasado el tiempo, el pequeño interestelar mandó el mensaje de aviso y una de las estrellas bajó para indicarle coordenadas de los siguientes aeroplanos. Saludó al cosmos con el beso propio de un niño que todavía no había aprendido a tronar los labios, pero que ya sabía volar y mirar hacia arriba, como debe ser, como siempre debe ser.

De hecho, el pequeño Astronauta sigue sorprendiéndose de que los aviones no dejen de rozar las nubes, igual de noche que de tarde, que de día. Para él, a sus escasos 14 meses de vida, son las mejores imágenes del mundo entero, no hay nada que se le compare, nada que se le acerque. Devora esos trayectos que huelen, que se sienten y que le saben a algo mucho más rico que las papillas de pera. Y se pasma, se maravilla, se cae de emoción sobre el sillón. Así deberían morder los lobos, así deberían rugir los ojos, así deberían amar los hombres.

Tantos años después, anhelo que siga encantado con el cielo y con la inmensidad en la que vuelan los aparatos con alas. Que haya muchas nubes y suficiente espuma en sus sueños, que haya suavidad en su mirada despierta y altura en su alcance de hombre.

Para él es el mejor paisaje del mundo entero. Para nosotros… él lo es.

Monday, May 7, 2012

El Astronauta... un año después

Está acostado de lado, sobre su brazo derecho, su respiración es pausada, y los movimientos en sus párpados muestran que viaja por algún sitio sideral. Seguramente juega en sueños con la misma energía con que lo hace cuando vive de día en este mundo. No dejo de mirar sus brazos, lo fuertes que son, los suaves que son. Tampoco dejo de mirar sus mejillas y sus manos. Lo tiernas que son. Si alguna vez merecí algo, esto es mucho más que la suma de todos los merecimientos que pude tener.

Mi hijo representa la plenitud de mi vida, el olvido de mis lágrimas en los momentos negros y la confirmación frecuente de que la felicidad existe aunque cambie de forma y color. Hace exactamente un año, mi felicidad medía 50 centímetros. Ahora debe rondar los 75.

Soy padre de los ojos más coquetos, de las piernas más antojables, de la sonrisa más pícara y del niño más iluminado que jamás soñé. Soy el hombre que afirmó que no quería ser padre en cierto momento y ahora soy el hombre que no sabe cómo ser el mejor padre, mas lo intento a diario.

A las 11:47 horas del día que transcurrió hace justamente un año, entre la ruptura de la fuente, la confusión por no saber si mirar y dejarle a mis manos la encomienda de grabar a ciegas, y la comunicación indescifrable que sólo entienden los médicos, vi salir del vientre de su madre lo que nunca he dejado salir de mi corazón: nuestro bebé sano y fuerte, nuestro ángel robusto y ansioso, nuestro orgullo hecho piel y carne, gracias a Dios.

 Fui el primero en cargarlo, pero no logré calmarlo al grado en que pocos segundos después lo logró su madre. Situarlo simplemente sobre el pecho de ella hizo que el Astronauta sintiera la primera sensación de paz en este mundo de caos. No hubo comparación con la fotografía del instante. Aquella imagen de mi hijo, recostado con su mejilla derecha sobre el seno izquierdo de su madre y mirándola fijamente por minutos, mientras apretaba los labios más rojos que las manzanas de verano, me quebró de felicidad. Jamás fui tan afortunado, jamás dibujé en mis sueños un cuadro así. Jamás fui antes lo que fui ahí. Fue un nunca jamás tal que se convirtió en un para siempre. La culminación de mi vida como hijo y el comienzo de mi vida como padre.

A pesar de un hospital lleno, quedamos los tres solos en el universo. Cada quien entendiendo su nueva misión, todos debutantes. Una familia nueva, con pocos minutos de vida y todo un presente ya cayendo encima. Desde entonces, los tres hemos dormido pintados de un mismo color bajo las estrellas. Y nos ha bendecido el tono de la buena salud y de la serenidad, de la alegría y de la tranquilidad para narrar este primer año que es mágico en toda su circunferencia.

Nuestro hijo nos ha hecho mejores. Somos más elásticos, más fuertes y más resistentes al cansancio; somos más atentos y menos inexpertos. Todo se compensa con la certeza de que todo lo que hacemos debe tener, al menos, un buen fin. La vida lenta y superflua del pasado es ahora la vida rápida que no podemos parar, pero que gozamos aunque sea a grandes trotes a su lado. Los besos son infinitos y los abrazos incontables. Los tres gozamos del mismo color bajo las estrellas, y así nos reímos, y así vivimos y así dormimos.

Hoy se cumple un año de que aquel nunca jamás se convirtió en el mejor y más enternecedor de los parasiempres.

Tengo suerte. Sólo por contar con mi hijo adorado, creo ser más y mejor humano.

Wednesday, June 15, 2011