Wednesday, November 7, 2007

Mi amigo más baboso


Hoy le festejo 10 años de ladridos al mejor y más baboso de mis amigos.

Como toda acta de nacimiento, el que yo haya creído que nació el 7 de noviembre de 1997 es cuestión de fe, pero lo verdaderamente significativo es que Joshua siempre ha estado ahí, salivando estoico a mi lado, agradecido por la comida y muy poco medido al conocer a mi gente (a algunos ha querido arrancarles el brazo, aunque sin mala intención).

Mi ex novia me lo regaló en aquella víspera de Navidad y a la fecha sigo gozándolo como la primera vez. Con los años ha sido más una vivencia que un regalito shalalalesco. Joshua, como buen animalito, ha permanecido noble, fiel, juguetón e incondicional. Tal vez yo le haya fallado en algunas tardes, pero él ha perdonado mis olvidos y crueldades con un fuerte lengüetazo que, si fuese crema, sería suficiente para afeitarme. La baba ha sido su abrazo y su mirada amielada el beso fraternal que nunca podrá darme.

No está educado, pero jamás lo ha necesitado (no aceptaré mi culpa enquistada en su pésima educación). Si bien no saluda con un pase redondo de cola a los caballeros o con una grácil gaonera a las damas que quieren chiquearlo, su ímpetu y energía me bastan. Que nadie le acerque el dedito porque tiene algo de alburero: ve salchichas en lugar de dedos. Más mexicano no se puede. Menos natural no lo querría como lo hago.

Joshua ha inyectado vida tanto en los años felices como en los momentos negros de la casa, cuando ésta era hogar. En la colonia empezaron a conocer a mi padre no sólo como magistral banquero, sino como un distinguido esquiador de asfalto que tenía a este lindo perrazo como lancha. Si uno los veía paseando, siempre podía encontrarse a mi viejo mirando al cielo, no sé si por los jalones del cachorrito o porque se encomendaba a Dios para aquel momento que pudiese ser el del fatídico desnuque. Mi padre dejaba más pelo en la calle que el perro.

Y con mi madre... ni decirlo. Su divorcio fue el hueso que Joshua lamió y lamió, tarde tras tarde, hasta que la herida empezó a menguar. "Cuando Joshua me falte, no sé qué voy a hacer", repetía ella con tanta razón que a la fecha no sé cómo fregados le haré para ladrar como mi amado cuatro patas lo ha hecho en los años en que la casa dejó de ser nido. Varios nos marchamos, pero él se mantiene ahí, mirando desde afuera la ventana de mi madre y parando las orejas cuando alguien mueve la bolsa de croquetas. Aún así, sigue siendo más atractivo el ruido del refrigerador; señal de que se acercan las salchichas de pavo que mi madre le obsequia muy a pesar del veterinario. Mamá de tres que se volvió de cuatro.

Mi gran amigo cumple una década y a esta hora sigue sin reclamar las noches de lluvia en que me fui de antro sin acomodar su casita para que pudiese refugiarse. También sigue sin pedir perdón por arrancar los frenos a aquella camioneta que mi padre compró, episodio tras el cual ordenó se le colocara una reja al patio para evitar más fechorías del cachorrito (la primera cosa que hizo el cuadrúpedo al ingresar a ese espacio enrejado fue escabullirse entre el quinto y sexto barrote, lo que puso morado el rostro de mi padre e hizo que considerara poner su cabeza en una tómbola organizada por vecinos frustrados y dueños de casa inoperantes).

Y mi hermana.... vive en paz. No hay rencor ni sed de venganza de mi perrito hacia ella, aun cuando fungió como patrocinadora oficial del único planchazo vía automóvil que le han propinado a este babosito. "¡¡¡Luis, ven a ver cómo Joshua puede andar en la calle sin cadena!!!", fue el grito salpicado de emoción de Lawrence segundos antes de que mi amigo también salpicara, pero con sangre y chillidos, el pavimento. Siempre nos pidió ir por sus huesitos; ahora lo hacíamos auténticamente.

Por fortuna la catástrofe tuvo un después y aquí estamos, caminando juntos por el mundo y, esperamos, orinando arbolitos por mucho tiempo más. Felicidades, Josh. Si te toca primero, prometo enterrarte, pero si yo la estiro antes, sé buen perro y, por una vez en la vida, pórtate bien y no escarbes.

Friday, November 2, 2007

La niña de vainilla


Cristina tiene 22 años, trabaja en otra área de mi chamba y es una niña transparente a la que jamás le acusé malicia ni atractivo. Pese a las pocas semanas de conocerla, hay algo en ella que ya es perpetuo: invariablemente me saluda con el "¡Hoooola Luiiiisillo!" más fresco e infantil que he oído en mucho tiempo; esto acompañado de una sonrisa crujiente, un abrazo y, sin excepción, un brinquito tipo Barney. Ternura per se, una merolica, toda una sardina fuera del agua.

Ayer, justo después de comer, seguí un ritual que tengo al menos una vez a la semana. Fui por un café, y luego estacioné mi carro en una calle perdida para escuchar un buen disco. En esta ocasión tocó el turno del oscuro "Hourglass" de Dave Gahan, y me dispuse a paladearlo, a solas, durante los próximos tres cuartos de hora.

Puse el freno de mano, recliné el asiento, me aflojé la corbata, distendí la barriga con unos quintillizos al pastor en su interior, y, cual parabrisas, recorrí a la mitad los párpados para convertirme en un oyente completamente absorbente. Y comenzó la música... y empecé a mirar gente, a ver pasar y a no observar, a prestar ojos abiertos y fijos, pero ciegos. Instante delicioso, exquisito, una fracción fuera del mundo, uno de esos ratos necesarios donde se seca el entorno y florece el interior. Un trozo de tranquilidad, de trance, de...

No sé cuánto llevaba levitando, pero sin avisar el vidrio del copiloto retumbó y lo primero que comprobé con crueldad y dolor es que no me había quitado el cinturón de seguridad, así que con el brinco casi clausuro mis días de fertilidad. "¡Hoooola Luiiiisillo!". Me lleva la... "¿Qué haces dormido en el carro?". Mi estimada Cristina a un lado de la puerta pegando brinquitos tipo Barney y yo... en estado de somnolencia babosa. "¡Luiiisillo, hooola!". Finalmente entendí y bajé el vidrio. Cual labrador, ella luego luego alargó el cuello y metió la cabeza para saludarme. Tan tarado seguía que no percaté de que había bajado la mitad del cristal, lo que hacía pensar que la iba a guillotinar en cualquier momento.

Superada mi estupidez, abrí la puerta esperando que Cris dijera "No, gracias, quería saludarte, pero ya me voy". Pero no. Muy mona subió, se instaló en el asiento del copiloto y me preguntó "¿Qué oyes?, uy, ¡me gusta Depeche!". "No es Depeche...", respondí. "Es el vocalista de ellos como solista". "Bueno, es lo mismo. ¿Sabes?, no dormí nada y se antoja dormir y no regresar al trabajo".

Y a mí que se me ocurre preguntar por su desvelo. "Es que tuve un súper round de madrugada con mi galán y quedé hueca". Y yo me quedé frío viendo el tacómetro (creo que aceleraba hasta la zona roja estando el coche apagado): "¿Y cuánto llevas con tu novio, Cristi?". "No es mi novio, es mi galán". Y seguía mi estupidez: "Bueno, es lo mismo". "No, para nada, éste es mi galán y nos vemos para echar dos que tres rounds a veces. ¡Diversión Luiiiisillo, diversión!".

Esta curiosidad de mujer, a quien siempre documenté como un "Froot Loop" gigante con un sentido del humor de vainilla, mutó ante mis prejuicios y de pronto se confirmaba como reserva natural de esos amigos bandoleros que desean disparar una que otra vez de noche... para no perder el toque. Diversión, estupidito, diversión.

"Podría quedarme dormida; no quiero regresar a trabajar", irrumpió Cristi con esa voz de dulce de leche y caramelito. "Te juro que no aguanto, ¿me dejas dormirme un rato en tu carro en lo que oyes tu disco?". "Sin problema", respondió mi resignación.

Y a contar 20 minutos como psicólogo que aguarda una revelación de su paciente. Así hasta que otra vez empezó a moverse el bulto y retornó la energía de la niña de vainilla. Bostezo de dragón, estirón de brazos y piernas (casi le llega la uña del dedo gordo al motor) y esa serie de parpadeos que sirven para resucitar sin exaltarse. "Luisillo, muchas gracias y qué buen disco, me arrulló. Préstamelo un día para enseñárselo a mi novio porque de Depeche le laten dos que tres rolas".

No quise explicarle de nuevo la diferencia entre un disco de Depeche y uno del vocalista de Depeche, pero especialmente evité preguntarle la diferencia entre su novio, al que le gustan dos que tres rolas, y su "galán", al que le agradan dos que tres rounds.

Wednesday, October 24, 2007

El faro


No sé dónde caminé hoy, pero metí el pie en ese agujero donde uno se rompe. No sucede mucho, quizá tarda años, pero el momento vuelve.

Se dobla el pecho y aquí ando, resistiendo las ganas de llorar a cántaros en un miércoles en el que lo que menos debería es empapar el ambiente. De por sí está fría la tarde y la noche, los pies y la gente. Si acaso yo rompo el ritmo de pie sobre este cuadrito cuarteado. Siento muy caliente la sien, aguantando para no soltarme como hace tanto no lo hago.

Salí para echarle bronca al llanto, pero el cobardito se esconde y no me da la cara. Siento la cabeza como un faro que ni prende bien ni se apaga por completo. Tal vez no hay motivo para ninguna opción. A lo mejor es el limbo en un día raro que a todos, sin excepción, nos llega alguna vez. Pero si fuese el limbo, no debería doler.

Y algo duele...

Sunday, October 21, 2007

Kiss me kiss me kiss me


"Si te vas a pintar de negro los ojos, nomás no vayas a llorar en alguna rola tristona porque vas a terminar pareciendo Alice Cooper y se perderá la intención".

Eso me dijo mi cuate David cuando le conté que iría a ver a The Cure este fin de semana, o sea a los shows que dieron anoche y hoy en el Palacio de los Deportes. Y todo porque, efectivamente, le avisé que me iba a poner como pandita darketo hoy, dándole un poco a la facha de la que cumpliría con mis requisitos para ser mi banda favorita si no fuese porque.... existe Depeche Mode. Pero igual, Robert Smith y compañía me han hecho tantas noches melancólicamente felices que no dudé en verlos.

Ayer sábado fue el buen Héctor mi acompañante en el primer recital de este cuarteto de raritos británicos. Creo que consideró dejar de ser mi amigo o escabullirse en algún momento a hurtadillas al ver que yo estaba como poseído cuando la mayoría de los que estaban a nuestro lado preferían platicar, besuquearse o esperar a que tocaran "Friday I'm In Love" (la cual afortunadamente nunca sonó). Héctor se quedó peor (y hasta yo me espanté) cuando empecé a pronosticar qué rola seguiría en el setlist y cuando los sonidos cumplieron mis profecías. "Hermano, ¿estás tarado o qué?... ¿cómo puedes saber la que sigue?", me preguntó con un miedo comprensible. "Experiencia flaco, experiencia. The Cure es cíclico, pero mejor un día te platico bien y hoy me dejas volar a gusto".

Ya para el show de esta noche, del cual venimos llegando como estropajos Mara, mi hermana Lawrence, su galán Charly y yo, decidimos usar el make up de los oscuritos y, cuando nos vimos en el espejo, resulta que al caballero y a mí nos dio el síndrome de las viejas: Charly vio mi maquillaje de ojos y le exigió a mi sister que él quedase igual. Yo hice lo propio con Mara y la onda lady se consumó majestuosamente. Estos darketos salimos más rumberas y delicaditas que nadie al momento del pincelito de ojos y el lipstick.

"Luis, va a estar difícil que no te veas gay con la boca roja, ya que estoy viendo que cuando le haces al muah de rutina pa' que agarre el rojo, te queda la trompita de corazoncito, así la tienes", me dijo Mara muy mona. Yo, ya para entonces en mi faceta Totalmente Palacio, hice berrinche y empecé a morder una servilleta hasta que la boca me quedó un poquititito más descompuesta y más ad hoc con la línea The Cure.

Charly y yo salimos más maquillados que las féminas y, ahora sí, a correr en la calle sin que nadie nos viera rumbo al Palacio. Llegando veríamos seguro más especímenes como nosotros, así que era cuestión de aguantar mofas una media hora en Viaducto. Al llegar, nos sentimos más aclimatados. Yo, muy negro de alma, fui a comprar un churro y cuando la que atendió me vio con ojos de rareza y me preguntó que con qué rellenaba el pan, salí con mi lado lindísimo y le dije: "Con lechera, por favor". No me esperé a que la susodicha me dijera que el señor de la oscuridad se me iba a salir al probar tan dulzona mezcla de azúcar.

Ya en el concierto, una onda mucho más densa que ayer. Robert Smith se levantó deprimido y definió un repertorio de ultratumba que, no por ello, dejó de ser majestuoso y delirante. Vibré con "Disintegration" y "A Forest", brinqué con "Push" e "Inbetween Days", envié besos con dos de azúcar en "Pictures Of You" y "Lovesong" y entré en trance con "A Strange Day" y "Plainsong". Para mí no faltó nada, pero mis tres acompañantes se quedaron con ganas de menos tristeza y más dicha.

A estas horas de la noche, estoy destruido físicamente, a solas en la sala de la casa, con un acumulado de seis horas de intensidad (tres horas por noche) y casi 70 canciones en la memoria. Ya me desmaquillé con la técnica de Lupita Jones y ahora parezco Irma Serrano acabada de levantar (parpadeo cada medio segundo).

The Cure ha confirmado que yo esperaba ansiosamente este par de veladas por razones muy personales, y ha vuelto a pasarme un lengüetazo por los ojos sin que sienta asco de tanta saliva y tanta melancolía.

Un largo beso que se goza más mientras más doloroso sea.

SETLISTS:
Show 20/10/2007

Open - Fascination Street - Alt.End - Torture - The Walk - The End Of The World - Lovesong - Pictures of you - Lullaby - Maybe Someday - From The Edge Of The Deep Green Sea - Please Project - The Hanging Garden - Push - How Beautiful You Are - Inbetween Days - Just Like Heaven - If Only Tonight We Could Sleep - The Kiss - Us Or Them - Never Enough - Wrong Number - Signal To Noise - The Baby Screams - One Hundred Years - End

Let's Go To Bed - Close To Me - Why Can't I Be You?

Three Imaginary Boys - Fire In Cairo - Boys Don't Cry - Jumping Someone Else's Train - Grinding Halt - 10:15 Saturday Night - Killing An Arab

Show 21/10/2007
Plainsong - Prayers For Rain - A Night Like This - The End Of The World - Lovesong - To Wish Impossible Things - Shake Dog Shake - The Figurehead - From The Edge Of The Deep Green Sea - A Strange Day - A Boy I Never Knew - Pictures Of You - Lullaby - Catch - Hot Hot Hot - Please Project - Push - Inbetween days - Just Like Heaven - Primary - Never Enough - Wrong Number - One Hundred Years - Shiver And Shake - Disintegration

At Night - M - Play For Today - A Forest

The Holy Hour - Other Voices - Faith

Boys Don't Cry

Arriba las chancludas


Desde que llegamos a Paseo de la Reforma a las 7 de la mañana, me bajé del coche con el gallo parado, pero más que dispuesto a hacer las mejores tomas de la carrera rosada contra el cáncer en donde tomó parte Mara. Doce mil chamacas (y como mil perros, 500 de ellos labradores, 300 de ellos peludos, ninguno tan hermoso como mi Joshua) siempre inspiran a uno, así que a disfrutar.

Mientras Mara me explicaba la ruta de 10 km, por mi barriga pasaba el antojo de unos churros de azúcar que, aunque parezca jalada, de pronto aparecieron en el horizonte. 10 pesitos por tres de ellos y, ahora sí, más que listo para darle la bendición a mi corredora favorita y, posteriormente, adelantarme dos kilómetros para ocupar un sitio ideal.

Cámara en mano, me dije: "Aquí me pongo, espero a que pase y cuando la '4523' me sonría, aviento el flashazo que inmortalice esta rosada mañana". Ajá, tan fácil hubiera sido, güey.

De pronto, el cameraman ve que pasa la primera corredora como bólido (pa' mí que estaba dopada o que desayunó unas aspirinas con Squirt y un Milky Way Midnight).

Y después... que se viene el pelotón. Una nube de termitas rosas grite y grite con el "¡échele!" como alarido preferido. Yo, a media calle, prefiero salvar la vida e irme a la banqueta. Hay mujeres esbeltas galopando, pero también una que otra relinchando y dos que tres imitando a una cuadrilla de rinocerontes que, con lengua de fuera apenas a los cinco minutos, ya esperan que les acerquen la meta.

Pasan y pasan y me frustro porque no logro ver a Mara entre la multitud de piernitas correlonas. Buscar el "4523" es imposible. Es como mirar fijamente a un monitor cuando le acaba de entrar un virus y se empiezan a enredar los algoritmos. Salgo del trance y casi lloro al ver que la tribu ha pasado y yo sin aventar un mísero flashazo.

Me cruzo la calle y espero a la siguiente vuelta. Si vuelvo a fracasar con las fotos, me aviento al asfalto y que me aplaste la manada de gorditas.

Idea brillante. Encuentro un poste a la altura del Km. 4. Me subo y me agarro de él al estilo Di Caprio en "Titanic" (stay in the ship as long as you can). Y ahí viene de nuevo la nube rosa con todo y sus "¡échele!".

Para entonces, hay varias damiselas que vienen rengueando y me presentan una acción inédita: el escupitajo mujeril. Una cosa sutil el "jjjjoiiiigggg" y el posterior lance del líquido salivesco. Los hombres no estamos solos en este mundo.

Finalmente, el milagro. En lo que ando pajareando desde el mentado poste con el escupitajo masivo, se acerca Mara y me avienta su sudadera. Me desprendo de mi faceta de electricista y empiezo a correr junto a ella. "¡Vamos mujer, échale, duro, venga, tú puedes!". Presiento que no me oye porque viene feliz de la vida con su iPod.

Muy salsita yo, pero de pronto pierdo energía y antes de perder también el estilo y de unirme al concierto de escupitajos, le doy un beso en la mejilla a la "4523", le agradezco la oportunidad de correr a su lado y, tras un gran total de 335 metros recorridos, la dejo seguir sin sombra. Estoy desgarrado de ambos muslos. Empiezo a caminar como si me acabaran de inyectar contra el tétanos. Voy por un atolito de chocolate y luego a esperar por ella en la meta. Corto camino entre las plantitas (al estilo Madrazo) y llego a las gradas. Me llueven llamadas al Nextel con varios "¿Ya llegó?", y les pido que no molesten porque se me va la foto final.

A la hora con 21 minutos, aparece la norteñaza y cruza la meta, mientras yo le aplaudo como le hacía Adrian a Rocky Balboa. Estoy orgulloso, conmovido como nunca y no quiero llorar, sino berrear. Qué canijo es el cáncer, qué canija es la vida a veces, pero, para eso, hay que decirlo: qué cabronas son las mujeres. ¡Arriba las chancludas!

Thursday, October 11, 2007

El 'Aura Affair'


"Felipe cae sobre el cuerpo desnudo de Aura, sobre sus brazos extendidos de un extremo al otro de la cama, igual que el Cristo Negro que cuelga del muro de su faldón de seda escarlata, sus rodillas abiertas, su Corona de brezos montada sobre la peluca enmarañada. Aura se abrirá como altar...".

Éste es un fragmento de la novela "Aura" (de Carlos Fuentes) que el entonces secretario del trabajo Carlos Abascal subrayó e hizo llegar en 2001 a la dirección del Instituto Félix Rougier, enojado porque su hija, quien cursaba tercero de secundaria, hiciera esta lectura a petición de su maestra de Español, Georgina Rábago. En pocas palabras, desde la óptica de Abascal, esta profesora "pervertía menores".

Yo me enteré porque fue uno de los escandalitos de aquel año, pero estaba más ocupado en otras cosas que en darle seguimiento al pleito de la "Miss" y al boom comercial de "Aura". Yo juraba que, para entonces, Carlos Fuentes ya debía estar echándose una copita de vino (y algo más) con la maestra para contratarla como cabeza publicitaria de sus obras subsecuentes, pues las librerías no se daban abasto. "Estoy tentado a darle el 10% de mis ganancias de 'Aura' a Abascal por ser mi mejor promotor", declaraba Fuentes.

Pues bien, el 2001 terminó. El secretario del trabajo, abucheado por la mitad del País, no logró quemar a la maestra Rábago en la hoguera, pero al menos consiguió que fuera despedida de la escuela de su hija.

Días después, ¿saben dónde apareció la profesora expulsada? En el jardín de mi casa, pues a mi buen amigo Ariel se le ocurrió llevarla a una fiesta mía.

Abrigo negro, lipstick vampiresco, cabello morado casi negro, mayor que yo por un año. De botepronto, a la señorita de lo "moralmente inadecuado" no le localicé tintes peligrosos, mucho menos pensé que era ese estandarte de la lujuria que el secretario del trabajo instauró en el inconsciente colectivo de la época. De hecho, mi inconsciente individual me dijo que debía invitarla a salir. Pero ella se me adelantó.

Ariel me aconsejó llevar el partido con ella como lo hace un abanderado de futbol (desde afuerita y en silencio) y no establecer un vínculo serio con la Rábago. A este consejo le hice caso en un 5% y, por ende, las consecuencias se reflejaron en el 95% restante.

Dos meses y medio de relación, tres problemáticas salidas al Worka (porque la fémina no entendía que no íbamos al bar del Pirulí y que por ende las dos colitas en la cabeza estaban prohibidas en el manual del cadenero del antro), una fiesta de gays-lesbianas donde ella se sentía como en comida familiar, otra fiestecita donde la mota era lo más fresón entre el coctel de alucinógenos que ahí se servían sin charola, regaños de madrugada de mis padres en los que me repetían la de "¡Esta casa no es hotel!", un escándalo vial por un choque de mi noviecita (quien negaba culpa cuando el otro afectado tenía la puerta hecha añicos... estando estacionado), y, especialmente, la gota que derramó el vaso y en la que me detengo porque merece narrarla a gallo-gallina:

Hotel Mayan Palace Acapulco. Julio de 2002. No recuerdo el día, pero eso importa menos que la penosa circunstancia. Estoy a punto de perder los estribos y también la membresía del tiempo compartido de mi señor padre. La Miss Rábago, tras un agarrón de pareja, grita despavorida al interior de la habitación, camina en reversa hacia el balcón y amenaza con tirarse si tronamos. Trae unas tijeras Mi Alegría en la mano derecha y con la izquierda se jala el cabello con ahínco (creo que está alterada). Hace ruiditos. Grrr, grrrrrr, ¡grrrrrrrrrr! Es algo así, pero más feo.

Mi amigo Ariel, ahí presente, le pide elegantemente que haga el favor de no salpicar cuando quede sembrada en el césped (cinco pisos más abajo), pero ella contesta con tales gritos que me hacen considerar llamar a un padrecito exorcista. No reacciono. Me le quedo viendo como esperando a que una hormiga le meta el pie y ella caiga con todo y el chamuco y las tijeras de punta chatita.

Al final, no lo hace y la damisela cierra muy mona la ventana, como diciendo que es hora de irnos a la camita. Ha sido puro drama y, quién sabe cómo, pero cinco minutos después mi cuate Ariel (el "Ghostbuster") la tiene encerrada en otro cuarto. Se oyen unos ruiditos y el rechinido de sus colmillos, pero sólo eso. Si la vampiresa no pudo atravesar la ventana, menos podrá con la puerta.

Pasado este encuentro cercano con Nosferatu, mi amigo me regaña: "Luis, te han quitado la paz. Es tu culpa, te lo advertí. Esta mujer que está encerrada no es para andar ¿te acuerdas que te lo dije?". Mi mente remembra al abanderado de futbol y le da la razón, esperando al día siguiente un tranquilo regreso a México, con las maletas en el asiento de atrás y la Miss Rábago bien dobladita en la cajuela.

Y hablando de dar la razón, al magnánimo Carlos Abascal le ofrezco un millar de disculpas. Es cierto, la mentada profesora es cosa seria... y, sí: pervierte menores.

Sunday, October 7, 2007

La noche en que el mundo se deshizo


Cuando tenía escasos 17 años Héroes del Silencio se convirtió en mi banda favorita (de habla hispana). Recuerdo haber ido a verlos en el '96 a un lugar tan siniestro y en el que se rendía culto a la hipnosis y a las serpientes como el Cine Ópera, donde mi padre me dejó, me dio la bendición antes de bajar del coche y, cuando vio qué tipo de gañanes con mirada de zombies entraban al mentado recinto, me preguntó si era "correcta" la dirección del "recital" no sin antes bendecirme otras siete veces por aquello de morir apuñalado entre la chusma al ritmo de "Maldito Duende".

Mi máximo había sido, justo en ese año, un apoteósico show de ellos en el Palacio de los Deportes durante la gira de Avalancha, la cual marcó el fin de la banda (nunca entendí por qué puse en riesgo a mi cuate Lalo al invitarlo al último concierto en México, sabiendo que lo más rudo que él había escuchado en su vida era Locomía). Pero bueno, ahí quedó la historia de Héroes, haciendo de mi devoción hacia ellos un huevo en hibernación durante los últimos 11 años. Largo tiempo... hasta que en febrero lo imposible se hizo posible.

Gira de reencuentro con exclusivísimos 10 conciertos alrededor del mundo, dos de ellos en el Foro Sol, donde jamás imaginé que mis heroicos zagarozanos, con todo y un monstruoso stage que incluiría 25 canciones en el repertorio, podrían congregar a más de 60 mil fans por show. Pero así fue, y el duende cumplió con un par de veladas que fueron toda, toda magia. Pocas vivencias tan entrañables como ver a tus ídolos con las arrugas que no pintaban antes y que te hacen sentir que has sido, ante todo, leal.

La primera noche ataviado de blanco, la segunda de negro. La primera cantando a todo desde las gradas, la segunda gritando a metros de Bunbury. La primera noche grandiosa, la segunda... de leyenda. En la primera un momento precioso, en la segunda... la vulgaridad. En la primera un estanque a tope, en la segunda el instante en que encontré mi alma perdida que había arrojado al mar. En la primera un oscuro derecho a la delicia, en la segunda la pregunta de si todo fue un sueño o una grandiosa mentira.

Ayer, mientras este ya no tan joven vivía la última noche con sus Héroes al saber que no habrá una próxima vez en la que hagamos de la tarde una mano que tiembla, descargué el ruido y la furia, teñí de color sangre mis sueños y le pedí a una sirena que volviera al mar... para no escaparse nunca más.

Fue cuestión de empezar porque sí. Fue cuestión de no mirar atrás porque el cielo no es mío y porque, una y otra vez, habrá que empezar despacio a deshacer y deshacer y deshacer... el mundo.

Por haber extendido el sabor del universo.... brindo el silencio.

Friday, September 28, 2007

El mamón


"Tienes cara de mamón; te me hacías de lo más mamón".

Aunque El Corredor jamás se ha caracterizado por incrustar en sus textos palabras que desarticulen el "Jogo Bonito" del lenguaje de Guanajuato (correctísimo como el Cristo de Silao), en esta ocasión no tuve opción y puse las palabritas que me han repetido últimamemente muchos amigos, conocidos y quienes brindan conmigo hasta en el desayuno.

Sí. Percibo una cruzada en mi contra (particularmente contra mis gestos, muecas, facciones y no sé qué diablos más) organizada por Dios sabe quién, pero que ha derivado recientemente en un ataque frontal, persistente y sistemático en el que se me dice que quienes me conocen pensaban que era mamón al principio y quienes no me conocen seguro me lo dirán cuando me conozcan. En resumen: soy un maldito mamón a sus ojos.

En mi defensa diré lo siguiente: ciertamente no me interesa conocer y tratar con toda la humanidad, pero eso tampoco significa que sea el Scrooge de la Asociación de Colonos de San Bernabé esquina con Cruz Blanca, al cual los demás entes le valen una soberana sardina. No. De hecho, cuando llego a quitar el parabrisas, dejo que la lluvia me empape... y rico.

Hace algún tiempo, estábamos mi amigo Mike, mi cara de mamón y yo platicando (los tres bien bolsones) a pleno rayo del sol en un estacionamiento del sur de la ciudad. Ningún tema en particular, así que todavía más a gusto la plática. No recuerdo el motivo por el que en algún momento dije algo en voz alta que alcanzó a escuchar un metiche (llamado Polo), quien de pronto irrumpió en la conversación sin previa invitación.

"¡No lo critiqueees, instrúyeeeloo!" (tono de voz de cabecilla naquete de la última butaca de la Barra Monumental un domingo en el Azteca). Mike y yo nos quedamos callados, pero quien sí respondió fue mi cara de mamón: "Ah. Qué onda güey" (tono de sepulturero consumado, que lo único que está solicitando en ese preciso instante es que el tal Polo se evapore, se esfume y se haga inmaterial con todo y sus dientotes de tiburón martillo a medio morir, de esos molares que se ven por más que el pedazo de metiche intente cerrar la boca).

No, no es mamonada. Simplemente hay gente que no puede conquistarte si viene vestido con playera del tucán de Poco-Loco, pantalones beige de vestir, calcetines de Adidas y mocasines a los que el güey cree que les tiene que conseguir unas agujetas bonitas. Ni qué decir de los lentes de Beto el Boticario. ¡¿Qué en su familia nadie le avisa?! Este compadre no la libra ni con un trabajo integral de hojalatería y pintura.

Mi amigo Mike me apoya, pero él es buena onda, no tiene cara de mamón y cuida la forma, la forma y después la forma, a pesar de que el objeto de estudio sea "amorfo", como Polo.

Sí, lo admito. Con el tal Polo no sólo no quité el parabrisas. De hecho lo centré, aceleré, me lo llevé, metí reversa, le subí al radio, lo volví a centrar, lo volví a arrollar y, ya después, le pedí una disculpa, pero pues... ya no reaccionó.

Por lo demás y con los demás, suelo ser... ¿cómo decirlo?... meramente precavido. Tal vez porque sé que, una vez nadando en aguas abiertas, me dejo hacer cosquillas hasta por el más pequeño de los ajolotes. Y todos los ajolotes que me rodean, incluyendo a quienes leen la presente "carta del mamón", me resultan indispensables, aunque pocas veces se los haya dicho.